Como seguidora de Hora de Aventuras, quería hacer mi propia versión.
Bienvenido sea el que viaja al Cielo y vive en la Tierra
viernes, 14 de septiembre de 2012
lunes, 20 de agosto de 2012
Good Vibrations.
Para Alba y para mí hay dos tipos de música: La hortera y todas las demás.
Realmente, no siempre se trata de música hortera. Nosotras así la llamamos porque son canciones de décadas pasadas, donde predomina un teclado agudo, o unas palmas las cuales haría que cualquier conciudadano de nuestra edad nos observara con detenimiento y se preguntara de dónde demonios hemos salido.
Lector, usted conocerá la canción 'Happy together' de The Turtles. Coincidará conmigo en que es una canción alegre. Para nosotras, dicha canción, podría ser perfectamente la Marcha Fúnebre de algún entierro. Recuerdo un día o noche suelta en la que con valor la hice reproducir. Mi compañera levantaba la vista con un gemido gatuno. "Hoy, no, Karen..."
Hoy, no. "Es alegre pero es triste". Como explicación. En realidad, no la necesitábamos. Nos entendemos demasiado.
Quedamos en su casa, reproducimos la música hortera, bailamos con su perro-caballo y aparcamos nuestros pesares. Nos inventamos coreografías ridículas mientras agarramos el cinturón, separamos bien las piernas y avanzamos una por delante de la otra lentamente, "¡Escucha Alba, escucha ese sonido! -lo reproduce con la boca- ¡Qué estruendo! -rueda por la cama".
Es nuestro tributo al País de las Maravillas. Al anochecer, planeamos alguna travesura conjunta, en la mayoría, sin un duro en los bolsillos. Obligamos al resto a oír 'Riders of the Storm' de The Doors. "¿Quieres un poco de Hendrix?". No importa a donde vayamos, nosotras somos el Rock. "¿Sabes, Karen? Cuando pierdes el control eres una psicópata. Pones mirada desafiante y de ira que asusta. Nadie quiere toserte".
La madrugada se encamina a su fin. Es el momento de nuestra charla más íntima camino a casa. "¿Lo sientes?" Nos pasa un coche y sus luces. "Sí, yo también me siento vacía". Se acaba nuestra vida de mentira, en la que fingíamos que aún no habíamos crecido prematuramente.
Realmente, no siempre se trata de música hortera. Nosotras así la llamamos porque son canciones de décadas pasadas, donde predomina un teclado agudo, o unas palmas las cuales haría que cualquier conciudadano de nuestra edad nos observara con detenimiento y se preguntara de dónde demonios hemos salido.
Lector, usted conocerá la canción 'Happy together' de The Turtles. Coincidará conmigo en que es una canción alegre. Para nosotras, dicha canción, podría ser perfectamente la Marcha Fúnebre de algún entierro. Recuerdo un día o noche suelta en la que con valor la hice reproducir. Mi compañera levantaba la vista con un gemido gatuno. "Hoy, no, Karen..."
Hoy, no. "Es alegre pero es triste". Como explicación. En realidad, no la necesitábamos. Nos entendemos demasiado.
Quedamos en su casa, reproducimos la música hortera, bailamos con su perro-caballo y aparcamos nuestros pesares. Nos inventamos coreografías ridículas mientras agarramos el cinturón, separamos bien las piernas y avanzamos una por delante de la otra lentamente, "¡Escucha Alba, escucha ese sonido! -lo reproduce con la boca- ¡Qué estruendo! -rueda por la cama".
Es nuestro tributo al País de las Maravillas. Al anochecer, planeamos alguna travesura conjunta, en la mayoría, sin un duro en los bolsillos. Obligamos al resto a oír 'Riders of the Storm' de The Doors. "¿Quieres un poco de Hendrix?". No importa a donde vayamos, nosotras somos el Rock. "¿Sabes, Karen? Cuando pierdes el control eres una psicópata. Pones mirada desafiante y de ira que asusta. Nadie quiere toserte".
La madrugada se encamina a su fin. Es el momento de nuestra charla más íntima camino a casa. "¿Lo sientes?" Nos pasa un coche y sus luces. "Sí, yo también me siento vacía". Se acaba nuestra vida de mentira, en la que fingíamos que aún no habíamos crecido prematuramente.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Little Girl Blue Little Man Green
La Pequeña Chica Azul y el Hombrecillo Verde correrán juntos mientras las bestias brotan de la hierba. Se encaminan a Astra, y podrán entrar en su Palacio cubierto por el universo porque son niños y porque están completos.
domingo, 29 de julio de 2012
Julio, no te acabes.
Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkiria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu'en hiver, a la ola pérfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movió, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos contentos.
Se disiparon las preguntas estúpidas mientras devoro papas fritas. Se disiparon las madrugadas. Buscarle en el fondo de vasos con restos de espuma caliente y cerveza. Pedí inspiración.
No conocía el precio.
¿Cómo jugar al cíclope sin rostro? ¿Cómo sentirme temblar como la Luna en el agua?
Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos la muerte simultánea es bella.
AlienZ
Acabo de hacer un test de personalidad de pacotilla que seguramente sea una gran falacia. Me preguntaba por qué he necesitado ser mentida. Ojo, ¿y con personas? Me preguntaba por qué el ser humano de vez en cuando busca OVNIS con una linterna de luz azul.
Tras el color de nuestros ojos, un eterno despertar.
sábado, 28 de julio de 2012
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