Bienvenido sea el que viaja al Cielo y vive en la Tierra

Mostrando entradas con la etiqueta Déborah y Nicholai.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Déborah y Nicholai.. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de marzo de 2013

Bloody Space.

"Hola, V, ¿Ganaron los buenos?"

Querido Space, ojalá hubieras podido hacerme la pregunta personalmente como solías.
No has respondido a mis cartas y a mí no se me ha dado permiso para acercarme a la ISS a visitarte. Estás una tarde de invierno arreglando alguna que otra avería cuando te asalta un recuerdo. Ya sabes a lo que me refiero.
Estaba desarrollando los planos de un nuevo sensor que me han enviado cuando discerní el número 13. Recordé cuando compartíamos día a día en la Estación y aún se me formaba física e intelectualmente. Nuestras primeras conversaciones sobre lo que te jorobaba que casi todo el mundo hablase inglés, o tus quejas sobre el cubículo donde nos hacían dormir. Lo preocupado que parecía tu médico, holandés, lo cual era bueno porque no os entendíais y sus analíticas se te parecían como un test de Rorschach. Veías pájaros, casitas, lo típico.
-¿Ningún molino o tulipán? -preguntaba yo.
-Hace gestos raros. Sí, aspavientos como si fuera un molino, mientras la ceniza de su cigarrillo le cae encima. Es, y lamento decirlo, ligeramente lamentable. Pero le tengo cariño. Su farmacia siempre está abierta.

¿Recuerdas, Space? yo hacía bromas y te decía que construiría una nave espacial para sacarte de allí. Me inventé una historia en la que era libre y me infiltré como espía. A la llegada me dieron tres pastillas: Azul, violeta y verde. Yo no las tomé y te sugerí que te lavaban el cerebro. Como si a mí no me llegara la mierda al cuello...

"¿Tiene tu gólem un nombre? Todos los gólems importantes tienen nombre. Tienes que ponerle uno, V". "¿Qué tal Déborah? Por lo de devorahombres." "Me parece bien, aunque yo le quitaría el acento para que no te lo cobraran en los SMS."

También me escribo con una terrícola que conocí en el bar "El Póney Pisador". La muchacha del BloodyMary, que es como la llamo, pero me figuro, estarás cansado de claves. Su nombre es Marta. Aquella noche lo largué todo, Space. Años manteniendo la boca cerrada para largarlo todo de sopetón a una desconocida. Pero no te alarmes, creo que me toma por una demente o una agradable joven con mucha imaginación. Pero me cuestiono, ¿por qué?
Meses ignorando el asunto, enterrándolo. Construyendo dentro de mí el mayor de los agujeros negros y cubriéndolo con una serenidad de hierro. Cuando llegué a casa las lágrimas empezaron a brotar y algún que otro gemido lastimero. Entonces advertí que era incapaz de llorar estando sobria. Me sentí muy extraña. No he hablado sobre ello con nadie.
Hace unas semanas nos mandaron al planeta Hysteria a combatir contra los rebeldes y mi agujero negro engulló la serenidad. Lloré y me paralicé y si no fuera por Marcos...
¡Ah!, no sabes quién es Marcos...Es un médico con historia propia. Un buen hombre, profundo como un pozo. No obstante, no quiero hablarte de él, si no, de Marta.

Marta tuvo reciprocidad conmigo al cabo de dos Gin Tonics que gran parte acabarían esparcidos por la barra y donde me gustaba pasar el dedo y dibujar círculos. Y con los círculos, me regaló, un trozo de su vida.
Marta es una mujer que gustaba ir a museos y observar las reacciones de los espectadores. Decía que siempre encontraba una estudiante que jugueteaba con sus trenzas entre los dedos o algún idiota que miraba los cuadros impresionistas de cerca. Al final del recorrido, se paraba ante "El Jardín de las Delicias" y jugaba al "veo, veo" con sus figuras durante horas.
Se enamoró cuando tenía catorce años de un profesor mucho más mayor que ella y a los dieciséis años se fugó de casa aunque ninguna de las dos familias lo aceptara. Decía que comprar tabaco suelto en el quiosco le recordaba a esa época, sentada atrás de la moto. Un día el profesor al volver del trabajo se acostó alegando que estaba muy cansado. Y el profesor no volvió a despertar.
Marta subíó las escaleras del piso donde vivían y sus cosas estaban fuera, en la puerta. Entonces aprendió que su vida podía resumirse en seis bolsas. La familia del profesor la había dejado sin lugar a dónde ir.
Si tu n'estais pas là. Comment pourrais-je vivre... [...]


Space tomó una carta y bebió un trago de la botella de vodka.  La ojeó y la abrió lentamente, alargando el tiempo que sus dedos rozaban el papel. Comenzó la lectura degustando cada una de las palabras.
Tomó otro trago.
-¡Pareces un puto ruso!
Space detuvo la lectura de mala gana.
-¿Quieres un poco, Alekséi?
-Claro. Soy un puto ruso- sonrió de oreja a oreja. Como él sólo sabe hacer.
-Ganaron los buenos- Y le pasó la botella.



lunes, 14 de enero de 2013

Se necesita Corbata.

Diario del Capitán V, Ruta X-360 II

Hace más de hora y media que comenzó el fuego. Desde entonces, la atmosfera ha tomado un color rosa y dorado, y las nubes antes livianas, se han tornado gruesas e hirientes al ojo. Ya no queda nada del panorama tranquilo y apacible del planeta multicolor que nos recibió a nuestra llegada. Ahora sólo ruido y silencios incómodos.
El cerebro, tan perspicaz, lo liga directamente a un significado claro. Dolor y muerte.

La fauna del planeta huye aterrorizada en dirección contraria donde se citó al Caos. Restos de humo llegaban reptando a nuestra base y ensuciaban las gargantas y pulmones de los que permanecíamos allí. Apenas cuatro mecánicos y unos pocos médicos que se encargaban de la minoría que eran capaces de volver con vida.   Soldados rasos enviados como carne de cañón, y que escapaban del descanso eterno con desagradables y feas amputaciones... Esta es la verdadera cara de la NASA. El lado oscuro de la Luna.

Déborah y Nicholai trabajaban conjutamente y sin ningún tipo de rechisto. Parecía que comprendían la gravedad del asunto. Arreglamos transportes, mejoramos armas...

Cerré el diario.

Me apresuré a la cocina y alcancé de la despensa una botella de Whiskey. Hice un gesto a Marcos con la botella en la mano y le serví un doble. El médico jugueteó con la copa durante minutos, la balanceó de un lado para otro observando el recorrer del líquido para acto seguido bebérselo de un trago. Yo encendía un cigarrillo. Nuestro comportamiento era muy similar. A veces uno se frotaba la cara o miraba la copa embobado. La vaciamos un par de veces más. O tal vez tres.
-¿Quieres hablar de lo ocurrido?-Marcos preguntó tras besar la copa
Negué con la cabeza.
-V, es mejor expresarlo que guardarse esas cosas dentro.
-No necesito hablarlo.
-Bueno, pero yo, sí. -Me mantuve en silencio.-Está bien, hablemos del asunto. No por ti, por mí. Seré egoísta. Necesito hablarlo.-Mintió
-De acuerdo- contesté secamente. Me olía la argucia de Marcos para hacerme darle al pico y a lo callado, cedí- Pero eres médico. Ya hemos conversado de la muerte. Dudo que te afecte sobremanera.
-Soy médico y humano. Estoy acostumbrado a ver personas morir, pero no verlas asesinadas. Es una sutileza a tener en cuenta. V, déjate de chorradas. Tú no eres un droide, eres humana. Es totalmente normal que en ocasiones...
-Fui una cobarde.
-No, V. No eres una cobarde. ¿Qué edad tienes? ¿Dieciocho, diecinueve? Hace nada eras una cría. Te han hecho crecer muy deprisa.

Recordé entonces mis años en el hogar familiar encerrada en mi habitación estudiando planos. Ciertamente, la vida era un infierno allí. Desde la partida de mi hermano, el ambiente era insoportable. Peleas constantes, quejas, reproches, insultos... Paulatinamente la habitación se convirtió en un santuario y el trabajo un sustituto del afecto humano. La soledad nunca había sido un problema, me dije. Todo es costumbre. Costumbre y sustitución. Cuando los de la ISS me llevaron con ellos, haciéndome abandonar la casa, me formulé una pregunta. ¿Me estaban perjudicando o realmente me hacían un favor?

Ahora sabía que ninguna de las dos respuestas.

Al mismo tiempo, Déborah y Nicholai mantenían su propia conversación.

-Nicholai -Déborah se mordió los labios, era torpe expresándose en palabras- ¿Viste cómo los cuerpos caían al suelo para no moverse nunca más? Yo ya lo había visto, en las pelis, pero...
-Extraído de la RAE:
muerte.
(Del lat. mors, mortis).
1. f. Cesación o término de la vida.
2. f. En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma.
3. f. muerte que se causa con violencia. Lo condenaron por la muerte de un vecino.
4. f. Figura del esqueleto humano como símbolo de la muerte. Suele llevar una guadaña.
5. f. Destrucción, aniquilamiento, ruina. La muerte de un imperio.
6. f. desus. Afecto o pasión violenta e irreprimible. Muerte de risa, de amor.

Déborah le miró con desaprobación.
-No me refería a eso, Chatarra. ¿Es que tú no sientes nada? ¿No tienes miedo a la muerte?
Nicholai sonrió pícaro.
-No.
¿No tienes miedo a morir?
-No. Déborah, nosotros no podemos morir porque no estamos vivos.

Esta afirmación le sentó a Déborah como una puñalada. Nicholai prosiguió:
-Respeto tu fijación y ánimo en comportarte como un Ser humano. Pero no lo olvides. No eres humana. Y nunca lo serás.

Déborah pudo haber llorado de rabia, como acostumbra. O pudo haber dado un sonoro portazo, pero no lo hizo. Entornó los ojos y se retiró lentamente al almacén, que es donde ella y Nicholai descansan o se recargan.
Nicholai siguió de pie unos minutos más pensativo. A continuación, se dirigió al almacén, posó cuidadosamente la mano en el panel, marcó unos números y se adentró con paso pesado. Déborah había construido una pequeña cama, un nuevo intento de comportarse como una mujer que duerme y sueña. Ella se encontraba bajo las sábanas con la vista al techo metálico. Nicholai se acercó a ella como una brisa y la arropó mientras sus ojos verdes centelleaban.
-Te contaré un cuento- le dijo.
Déborah no replicó. No se supo si porque estaba molesta o si bien porque estaba decepcionada o porque comprendía la carga de las palabras de su compañero.
-Había una vez un hombre que caminaba por el desierto sediento. Buscaba con desesperación agua para beber cuando se cruzó con un vendedor de corbatas. "Amigo, le vendo una corbata" "No quiero una corbata, señor. Lo que busco es agua" le espetó. Así nuestro hombre continuó su camino hasta que encontró un restaurante donde podría beber toda el agua que quisiera, pero cuando iba a atravesar las puertas, un portero le comunicó: "Se necesita corbata para poder entrar". Las cosas pueden parecernos inútiles en un principio, Déborah, hasta que un día toman su importancia. Yo todavía espero mi importancia. Buenas noches.

Déborah activó su reproductor de sueños y soñó todo lo que dura una noche que se encontraba con Nicholai en un pueblo de montaña donde las casas anidaban en los alcantilados y un gran lago cristalino brotaba en el cento y el suelo estaba infestado de colinas anaranjadas, las hojas que caían de los altos árboles.

Fuera del sueño, en la realidad, Nicholai le acariciaba el pelo.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Tinteros de Sangre.


 Un ser querido.

Ese era el motivo que nos unía a mi compañero doctor y a mí. Al finalizar su relato, le ofrecí un cigarrillo y le acompañé en caladas. Me gustaba la compañía de aquel hombre. Era como asomarse al ojo de un pozo. Profundo y sereno. Marcos, el doctor, parecía ser la prueba cantante y danzante, la personificación echa carne de la más absoluta esperanza humana. Y la esperanza, hay que llevarla cosida a la piel.

Oímos gritos fuera del campamento. Marcos y yo nos sobresaltamos.
-¿Qué ocurre?- Agarro del brazo a un soldado que pasaba corriendo por allí.
-¡Son la Resistencia, nos atacan! -sigue su rumbo.
Dirijo la mirada a Marcos.
-Lo que te decía, V. Ese maldito de Steel Panther no sabría decir ni de qué color es la mierda. -Hubiese reído gustosa en otra ocasión.
Déborah y Nicholai vienen a mi encuentro.
-¡Madre, Madre! ¡La guerra nos ha alcanzado! -Me abraza asustada.
Nicholai mantenía su facción rígida e inmutable. Yo me sentí petrificada. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Luchar contra la Resistencia? ¿Blandir armas contra el bando que defendía la libertad? 

No tuve mucho tiempo para pensar, una explosión cegadora nos hizo rodar por el suelo. Tosí. Noté como unos brazos cargaban conmigo. Marcos me alzaba. Perdí de vista a Déborah y a Nicholai. Me sentía muy confusa. Mi mente era incapaz de seguir el ritmo enérgico de los hechos. En una vieja radio sonaba It must be Love. Noté cómo mis ojos se llenaban de lágrimas.
Marcos me depositó suavemente en el suelo, refugiados detrás de una nave.
-¡No puedes venirte abajo, V! ¡Debemos sobrevivir! ¡Debemos salvarlos!
-No...No...-susurré- No... no quiero matar... - Labi Siffre sigue cantando, aquel negro y su guitarra, As soon as I wake up, every night, every day, I know it's that you I need to take the blues away.
Marcos introduce la mano dentro de mi cinto y extrajo una pequeña pistola. Me arrastró por el fuego enemigo, vimos a nuestros compañeros caer. La Resistencia tomaba más peso en aquel juego. No había nada que hacer. Tal vez, huir. Usted no se imagina. Para ello, tendría que estar en primera persona. Los que allí daban su vida eran muchachos. Los soldados, apenas dos días eran niños que jugaban y eran arropados por sus madres por la noche. Entre el humo distinguí a Déborah y a Nicholai agarrados de la mano. Le indico a Marcos. Me precipito a los droides y les ordeno que activen el campo electromagnético. Aún siendo dos, no duraría largo rato.
-¡Marcos, el campo desaparecerá en poco! -no podía permitirme remolonear con las palabras- ¡Mi nave está oculta en la selva tras la colina!

La Resistencia nos atacaba perpleja. Era la primera vez que veían un campo electromagnético que no procedía de una nave o vehículo. Cada rayo láser, cada descarga eléctrica, cada dardo o bala, chocaba contra el campo, le causaba ondulaciones como una piedra en el agua que nos hacían contener el aliento, el sonido de los impactos como cientos de pájaros piando al unísono, las pequeñas pero luminosas explosiones como choques de supernovas a menos escala. Los jóvenes cadáveres se despedían de la vida regando la tierra, desmembrados. Algunos la dejaban con ira, otros con ojos lacrimosos. Me pregunté por la historia de aquellos que eternamente yacerían allí alimentando la hierba y el musgo. ¿Habían sido engañados con promesas falsas, habían sido presionados mediante un chantaje? ¿Habían luchado por la ISS o habían luchado por ellos mismos? ¿Ira de supervivencia o lágrimas de terror contenido?  Vosotros, los sin nombre, los apenas un número en una placa, los "Unas insignificantes bajas", vosotros, ¿qué os hubiera deparado el futuro? ¿Teníais sueños y esperanzas? ¿Llorábais u os lloraban la ausencia? Ya, nunca más.
Y mientras, un puñado en los pedestales más altos, mofándose y enriqueciéndose. Pisoteando con botas de hierro y barro la Libertad, La Justicia, la Vida. Enfrentando y dividiendo un pueblo a merced de sus intereses y caprichos. Firmando Tratados y Convenios con plumas de aguja y tinteros de sangre. Mientras, las plantillas, debatiéndose con sus propios hermanos. Derramándose por las mismas tierras y los mismos rechazos. ¿Es que no se daban cuenta? ¡Hemos sido manipulados! ¡Sus hilos nos atan las extremidades¡ ¡Resistencia, somos Seres como vosotros! ¡Compartimos el mismo hilo!
Avanzamos colina abajo. Di una última mirada al paraje en llamas. Un círculo aprisionaba a Steel Panther. Sentí regocijo malsano y corrupto. Tragué saliva. Ni siquiera merecía que escupiese al suelo. Tu muerte no valía tantas vidas, hijo de puta. La doble moral en aquel momento no hizo acto de presencia.

-Capitán, han escapado cuatro dirección colina abajo. ¿Los perseguimos?
-No es necesario. Tenemos a este hijo de perra-le raja la cara con un cuchillo
-Pero Capitán, ¿cómo es posible? ¿Usted lo vio? Era un campo electromagnético en tierra firme y sin maquinaria
El Capitán observaba satisfecho a Steel Panther proclamándolo como mascota de torturas
-Tranquilo, esta señorita llorona y quejica nos lo contará todo antes de que despierte el alba. Por cierto, preciosa la nueva L que te adorna la cara.
El subordinado no cuestionó más. Era bien conocida la superior inteligencia del Capitán. En su cabeza ya se podía divisar el dibujo del puzzle. Sus decisiones tenían, siempre, una razón de ser.

El Teniente se sobrecogió. ¿Qué hubiese ocurrido si el maquiavélico Lamba hubiera escogido el bando contrario?



sábado, 27 de octubre de 2012

Semblante de Muerte

De nuevo en el campamento, alcancé el diario en el que escribo desde la marcha de mi hermano. Otra noche en el que el perturbador sueño me visita. Han pasado ya cinco años. Busqué una página en particular y la leí concienzudamente.
"Hace un mes que Álvaro se fue de casa. Papá y mamá me dicen que le han concedido una beca en Suiza y que se ha ido a estudiar allí, pero yo no me lo trago. He empezado a padecer terror nocturno. Por las noches tengo un extraño sueño que no me deja descansar. Me aterra la idea  de dormirme. Llevo cincuenta y dos horas en pie y el café se está acabando...".
Seis meses después. "Ayer pregunté a mis padres cuánto tiempo más estaríamos sin ver a Álvaro. Dicen que en sus cartas recalca que está muy ocupado con los trabajos y proyectos que gracias a Dios tiene la oportunidad de hacer. ¿Es que soy la única que le echa de menos o qué?"
Un año después. "Me estoy matando a estudiar, pero no importa. Tengo que comprender con claridad los planos que encontré en el cuarto de mi hermano. Creo que tienen la respuesta. En ocasiones me siento observada en la casa. Es como si fuera la protagonista de mi propio Show."
"Mañana cumplo diecisiete. Es increíble que hayan transcurrido tres años. Algunos compañeros de clase me han preguntado si quería celebrarlo, pero tengo algo importante que hacer. He fabricado un pequeño satélite. Una serie de ondas está acosando la casa y no provienen de ningún satélite oficial. Nos espían y no sé por qué".

Dejé de leer y lancé con todas mis fuerzas el diario frustrada al suelo.  

-Compañera, ¿se encuentra bien? Esta noche la veo ansiosa. Usted suele presentar un actitud de hielo.-Me devuelve el diario.
 -El cirujano principal, ¿me equivoco?
-En absoluto. Dígame, ¿qué es lo que hay escrito en ese endemoniado libro que  tanto le molesta?
-Lo  escribió una niña que dejó de existir. -Nos hicimos  compañía largo rato en silencio.                     
-Usted no luce como los demás oficiales. -Me observa detenidamente -Usted se encuentra aquí coaccionada, al igual que un servidor. Noto sus miradas despectivas a Steel Panther. Respiro todas sus muecas. Ese energúmeno se contonea como un pavo real, pero no encuentro en su mirada el Semblante de Muerte.
-¿Semblante de Muerte?
-En efecto. Déjeme explicar. Toda persona próxima a la muerte queda marcada con el Semblante de Muerte. Para mi desgracia, como condición de médico, he tenido la desagradable experiencia de ver y reconocer dicha expresión. Por pocos segundos, queda al descubierta la naturaleza del ser humano. La visión más cristalina -Se frota el rostro- En definitiva, aquel hombre es un falso.

Conecté inmediatamente con mi receptor y sentí aprecio y admiración ante sus palabras.

<<Yo era un cirujano de sobrenombre. Tenía mi clínica privada, ganaba mucho dinero. Por entonces, aún no se había encontrado la cura al cáncer y mi mujer cayó enferma. No respondía a la quimioterapia y falleció. Sufrí una crisis de identidad, de posición. Crecí en una familia adinerada. Se me educó con la idea de que debía estudiar en la universidad, convertirme en un hombre de provecho, concentrar más dinero del que podía gastar. La vida me había dejado grandes cantidades de capital que finalmente no me servían para tapar un vacío demasiado grande. Si le digo la verdad, no hubiera seguido adelante si no fuera por mi hija, Clara. Tal vez lo hubiese perdido todo en apuestas o despertándome ebrio en cualquier acera. De esta manera, a los cuarenta años, empecé a valorar que aparte de tener prestigio, una buena casa, un buen coche, salvaba vidas. Cerré la clínica y construí un hospital público. Cuando la crisis mundial empeoró, la sanidad dejó de ser pública. Usted es demasiado joven para conocerlo. Unos años después Ellos me asaltaron, se quedaron con el hospital y capturaron a mi hija...>>

domingo, 6 de mayo de 2012

Per Ardua Ad Astra


-Alza la vista una de estas noches.Verás dos puntos luminosos un tanto cerca (eso en la esfera celeste, claro), que, imagino que son Venus y Júpiter. Bien, pues que no absorban tu atención, pues hay muchas constelaciones que ver, como por ejemplo, Perseo. La estrella más brillante de esta constelación, se llama Algol, o en árabe Ras-al-Gul. Así dicho no te sonará a nada. Pero, si te digo que es la cabeza de la Gorgona, la cosa cambia. En concreto, dicha estrella es el ojo de la Medusa, β-Persei.

Mi hermano Álvaro y yo nos encontrábamos sumergidos en una de nuestras insaciables conversaciones sobre astronomía en su habitación, contigua a la mía. Cuando no podía dormir, pegaba en la puerta y le rogaba algo nuevo para aprender o soñar.

-Algol, tiene una peculiaridad, y es que es de magnitud variable. Esto a los antiguos, les traía de cabeza, pues para ellos las estrellas eran puntos fijos en el cielo. Y eso de que las cosas cambiaran a su parecer,  no les hacía mucha gracia, de ahí que lo relacionaran con el Diablo (que es lo que significa en árabe, la cabeza del demonio). Lo que nos lleva, a la paradoja de Algol. Resulta, que esa variación del brillo, se achacaba a la existencia de eclipses entre estrellas (en este caso,  las de aquella parte del Universo). Claro que cuando tienes dos estrellas cerca, suelen intercambiar materia entre ellas. ¿Por qué es esto importante? Sabrás que las estrellas tienen ciclos de vida. Y estos se cumplen a rajatabla. Pues en el caso de Algol y su compañera, no. La estrella primaria, de mayor masa (la cual debería haber vivido menos), era la mas vieja. En cambio, la secundaria, le pasaba justo lo contrario.-Le oía tumbada con los ojos cerrados mientras intentaba visualizarlo todo en mi mente- ¿Por qué? Por ese intercambio de materia. La estrella que ahora es pequeña era en realidad mayor y la que ahora es mayor era menos masiva. Lo que ocurrió fue que la estrella ahora secundaria, antes masiva, comenzó a crecer como consecuencia natural de su evolución y al estar tan cerca de la ahora principal, y antes pequeña, comenzó a transferirle masa y con esto le dio la capacidad de hacerse más brillante; la que perdió masa al final quedó menos brillante.

Entonces´yo tenía catorce años y el diecisiete, ya encaminado a los dieciocho.

-¿No dices nada? -me preguntó -¿Es que no te ha gustado?
-No es éso. Sólo intentaba imaginarlo. -En realidad no quería admitir que él se encontraba en el nivel 7 cuando yo apenas rozaba el 2.-Algún día te llevaré allí.
-¿A dónde?
-A Algol. Construiré una nave. Blanca, como Perla de Mar. -Una leve sonrisa se dibujó ante la ingenua declaración.
-¿Sabes cuál es un buen nombre para una nave? Pegassus. Así se llamaba la nave de un Doctor. ¿Te he contado esa historia?-Negué con la cabeza.-Entonces tendremos que ponerle remedio. En una dimensión muy, muy lejana...

Mi hermano no llegó jamás a contarme la historia del Doctor. Varios hombres con uniformes y armados irrumpieron en la habitación. Derrumbaron la puerta con violencia y pisotearon con descuido todas nuestras maquetas espaciales. Arrestaron a Álvaro y a mí de una bofetada me lanzaron contra la cama. Lo último que le vi hacer fue intentar protegerme, justo antes de que la puerta se cerrara dejándome atrapada dentro. Lo último que mis retinas grabaron fue un logotipo. El de la ISS.

-Compañera, despierte. Está gritando en sueños.

Me incorporé de un impulso. Acto seguido me froté los ojos con el dorso de la mano y reconocí a mi emisor. Se trataba de un médico que también había sido arrastrado a la guerra. En contra de su voluntad, como la mayoría que permanecíamos en aquel campamento.

-No sé qué estaría soñando, pero por lo que parece era horrible.

Salí a tantas al exterior. Ya era bien entrada la noche, aunque los dos satélites daban una luminosidad desconocida en el planeta Tierra. Encendí un cigarrillo detrás de otro y fumé con una desesperación inusual. Una lluvia de estrellas se acontecía pero no podía disfrutarla. Ahora, no.

El médico también salió del campamento y se encontró con Steel Panther y su peculiar semblante engreído.
-¿Cuántas bajas han sido desde el mediodía?
-Apenas insignificantes, señor. Soldados rasos, nada más.- Advertí cómo el médico apretaba los dientes.

El fornido idiota reanudó la marcha satisfecho. Mi compañero apretó el puño y se internó de nuevo maldiciendo a diestro y siniestro.

-Insignificantes. Eso es lo que somos ahora. Per Ardua ad Astra- susurré.



"We are lost in Space and the time is our".

lunes, 9 de enero de 2012

Black Tongue

Diario del Capitán V. Ruta X-360 I

El planeta al que nos han enviado se llama Hysteria (en pronunciación terrícola). Es la primera vez que lo visitamos. Se encuentra a bastante distancia del planeta Tierra. Más que Sevis o el planeta acuático de las Criaturas Marinas.
Su atmósfera es más ligera y clara. Su cielo es de un color azul pálido. Como si una liviana capa de nubes dispersas anduvieran pegadas al límite del cielo. A veces si dejas la vista fija en un punto muerto, llega a parecer que el cielo de un momento a otro se va a derramar sobre ti. O quizás yo lo imagine. Dos lunas custodian sus noches. Una es anaranjada, la otra es de un tono rojo- purpúreo. No podría explicar del todo este color, ya que no existe en la retina del paisaje acostumbrado de un terrícola. Las noches son magníficas. Tengo la teoría de que es el efecto de los dos satélites y su peculiar color el que dan a lugar al marco de luces de después del Crepúsculo. Casi se asemejan a los espectros electromagnéticos.
Se trata de un planeta pequeño muy frondoso, con grandes bosques y selvas que lo surcan caudelosos ríos. Como un gran Amazonas. Tengo entendido que sus habitantes son pacíficos, pero aún no he tenido la oportunidad de averiguarlo. Aunque eso apoyaría el por qué de la presencia de la Resistencia...

Fin de la descripción formal.

Me reuní con mis superiores en una base que está situada encima de una colina. <<Buen punto estratégico>> pensé.
-Ah, mirad quien ha llegado. La mejor científica experimental de la plantilla superior.-sonreí con el mismo agrado que haría si en ese momento me estuvieran sodomizando con un bate de beísbol.

El fornido, arrogante y a la vez burlón "Steel Panther" (recuerdo que todos en la NASA tenemos un mote, un número o pseudónimo), un papanatas y rufián al que encargaban como líder en casi todas las operaciones violentas. La típica persona que se cree excremento y no llega a flatulencia.

-Éstas son tus indicaciones -dijo Steel Panther- De momento sólo te encargarás de arreglar tanques, motos u otro tipo de vehículos vía tierra-agua que puedan ser dañados. No utilizaremos nada aéreo. Podría causar demasiado estragos en el planeta y no nos conviene, ya que necesitamos sus recursos en buenas condiciones.

-Entiendo. Todo se ha complicado por la inutilidad de usar naves y la llegada de la Resistencia, ¿cierto?

-Eres una chica muy lista para ser tan joven. Si usáramos las naves en un principio, este planeta ya estaría más que invadido, colonizado y en nuestra posesión. Pero, ¿de qué nos sirve un planeta arrasado? -risa estridente- Bueno, no hablemos más y manos a la obra. Por ahí tiene que andar "Black Tongue", por si quieres más información.

Aunque le recordarás por Álex, se encontraba dándole unos últimos retoques a una moto terrestre con cubierta.

-Oye, pues no se te da tan mal la mecánica.-él levanto la cabeza buscando a su receptor.
-Ah, Cara-Pan, eres tú. Ya sabes que lo mío es la informática.
-Cara-Pan...- musité entre dientes- Unicelular- dije en voz alta y clara.
-¿Aún sigues con eso? - se carcajea- ¿Y qué le voy a hacer si soy un hombre? Nunca me lo vas a perdonar, ¿verdad?

Obtuvo el silencio como respuesta.

-¿Has pensado que ésta puede ser la última vez que nos veamos con vida?

Me paralicé. Siempre tengo el presentimiento de que podría morir, pero nunca se me pasaría por la cabeza el cuerpo inerte del Principito. Nombre que le di para hacerle olvidar el suyo de esclavo. Black Tongue.

-No pongas esa cara, nena. Todo saldrá bien. He tenido que mover muchos hilos para asegurar de que sólo seas mecánica aquí en base y nada más. Estarás a salvo. Pero yo tengo que ir allí, al otro lado de la colina, y por si acaso, y sólo acaso me gustaría tener como última imagen una Karen no enfurruñada.-Arranca el motor- ¿Te has fijado? -grita mientras avanza la moto hacia su destino- ¡Hay dos Lunas, así que asegúrate de no mirar al dedo!- Y así, sin más, se despidió de la manera más extraña que pudo concebirse.


                     Se fue, y se llevó la Magia consigo

domingo, 16 de octubre de 2011

Nostalgia.

Siento la tardanza, querida. En estos meses V ha estado ocupada. Se lo crea o no, me enviaron a batalla. Sí. Yo tampoco lo podía creer. No soy un soldado.

Fue en uno de esos días calmados de Octubre. De cuando las hojas empiezan a caer y crujen bajo nuestros pies al andar.

Yo estaba, como de costumbre, enfrascada en mi trabajo. Nicholai y Déborah contemplaban juntos una pequeña cortina de llovizna a través de la ventana. Entonces los oí conversar:

-¿No te parece que la peor de las emociones es la nostalgia?-Nicholai miraba la ventana embobado sin siquiera mirar a su receptora.
-Claro... no sé para que te pregunto a ti, montón de cables...-suspira.
-Vaya...-Para expectación de todos, habló- Creía que mi apodo era "Chatarra".
-Es igual. Tú no eres capaz de percibir más allá de tus datos ya almacenados. Es como hablar con la tostadora...

Nicholai se aclaró la garganta.

-Está bien.- La miró- ¿Cuándo te refieres a nostalgia, hablas de aquel sentimiento que padecemos cuando añoramos un recuerdo vivido? ¿A un tiempo pasado? ¿A ese espectro inofensivo pero que nos aprieta el cuello? Has dejado pasar algo por alto. En teoría, si tengo datos ya almacenados, como dices, podría percibir y comprender sobre ello. Nostalgia. -Se levanta y apoya las manos en el alféizar- Déjame darte un nuevo argumento. Yo sé de algo peor. Añorar lo que no ha ocurrido. No tener donde echar mano a tus memorias. Contentarte con inventar un mundo paralelo. Jé - con tono irónico- Tienes toda la razón. Mi argumento es una mierda. No tengo la menor idea de lo que es tener Nostalgia.

Y esa fue la primera vez que el portazo no lo dio Déborah.

-Increíble...- Logré articular al fin. -¡Increíble!
-Madre, ¿has desmotando a Nicholai y has creado uno nuevo?
-No. ¡No! ¡Rayos y retruécanos! ¡Demonios! ¡Pardiez! ¡Que me aspen! -Risa casi gutural- ¡Soy una genio!

Mi risa arrogante se mezcló con un "No es posible".


Durante los días siguientes Nicholai no volvió a dar muestras de inteligencia no-artificial. Es como si hubiera saltado una chispa para volver a apagarse. Yo no perdí la esperanza. Estaba dispuesta a esperar X tiempo si hacia falta para volver a videar aunque sea, la estela del cometa.

-¡Debo apuntar estos progresos en el ordenador ahora mismo!-Corrí rauda hacia el PC. Un molesto pitido sonó cuando se encendió.- ¡Maldito sea quien inventó la publicidad y los SPAMS! Espera... ¿Un mail de...?
-Madre... estás muy excitada... Nunca te había visto así...
-¡No jodas! -le grité a la pantalla- ¡Hoy los jodidos hados se han puesto de acuerdo para mantener mi cuerpo agitado!
-Madre, ¿Me oyes...?
-No hay tiempo, Déborah, he de marchar ahora mismo. Cuida de la casa y de Nicholai.


Quedamos en un garito donde lo que se podía oír era Rock y Metal. Qué viejos recuerdos. Cuando llegué, sonaba Slayer.

-Largo tiempo, Karen.
-Ya nadie me llama así.
-Bueno, espero que me cedas aún el derecho. Creo que lo gané.
-¿Te importa que fume?
-No me gusta el tabaco, pero adelante.

Me hubiese encantado cogerle del brazo y arrastrarle a mover la cabeza al ritmo de la música. Como solíamos. Él y yo.

-¿De qué me tenías que informar?
-Ruta X-360. ¿La conoces?
-Sí. Tengo entendido que nuestros "camaradas" están intentando invadir un planeta de pequeño tamaño allí.
-Exacto. Pequeño pero plagado de recursos. Los habitantes apenas pueden defenderse, y habría sido una batalla ganada, pero la Resistencia ha tomado parte.
-¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
-Han decidido mandarte.
-¿Cómo?
-Mira, nadie se equivocaría si dijera que eres la que mejor mano tiene en la plantilla para arreglar artefactos. Al parecer te necesitan.
-Ya veo.
-No te extrañes si acabas con un fusil entre las manos...-Quedé enmudecida- Ah, exigen que lleves a tus droides contigo. Podrían ser útiles.
-¿Cuándo nos dejamos meter en esta mierda, Álex?
-Cuando amenazaron con matar a nuestros seres queridos.-Posó una mano sobre la mía. - No importa lo que pase, yo siempre seré El Principito. Siempre nos quedara Astra.

El chico de la casa monstruosa y naranja. El del paso por el mar. El de los ojos grandes y fijos en los que no te importaría verte reflejada eternamente. Armonía pura. Semejante pero contradictoria personificación. El primer amor de Déborah se encontraba cara a cara a mí.

-Recuerdo haber oído que no estaban muy contentos con la estética de tu droide masculino. ¿Cómo se te ocurre además ponerle un nombre ruso? ¡Es a mí y me soportan porque soy una rata soplona!
-Bautizo a mis hijos como quiero. Demasiado es ya que finja creer que dos más dos es cinco...
-¿No será que me echas de menos?
-Sigues siendo el mismo patán de...

No me dejó continuar. El extrañado contacto de su piel me calló. Nos fundimos en un abrazo que hacía años esperaba. En mi cabeza sólo podía sonar una canción.

Desolate Ways.


martes, 23 de agosto de 2011

Óxido.

Después de nuestra visita al Planeta Kalei y dejar al Capitán Jack, volvimos a casa. La Tierra. Como ya le dije a la misteriosa mujer de los Fortunas, tuve que realizar toda la operación que le expliqué para que Deborah pudiera llorar y soñar. Al menos, Nicholai me sirvió de auxiliar. Tuve especialmente cuidado a la hora de la cuestión onírica, ya que debía toquetear dentro de su cráneo donde se hallaba (no toda) pero parcialmente la actividad energética de la gólem. Cuando terminé me encargué de las cuencas de los ojos, pero para ese "trabajillo" anduve más tranquila.

Al día siguiente, después de haber "dormido" Déborah intentó definirme entusiasmada un sueño. Yo tuve que fingir sorpresa y exclamación ante una visión que conocía perfectamente. Recuerde que los sueños se los fabrico yo. Soy una "Guardián de Sueños" -risas- No me malinterprete, todo este asunto me traen viejos recuerdos. Si él supiera... que todo lo que decía se ha hecho verdad de una forma u otra.

...Pero ésa es otra historia, y me temo que si debe ser pronunciada, será otro día.

Poco tiempo después mientras paseábamos por la ciudad hacia un taller donde venden buenas herramientas, Déborah se paró ante un escaparate.

-Es una tienda de Arte.- dije.
-¿Qué es eso? ¿Puedo pintar en él?
-Se llama lienzo y... ah, ya comprendo.

Como podrá imaginar le compré unos cuantos lienzos, pinceles y óleo para que pudiera pintar. Antes de que yo le preguntara nada, dijo:

-Es para pintar lo que sueño.
-¿Cómo Dalí?
-¿Y ese quién es? No le conozco. ¿Sale por los pubs que yo?
-Eh, no, y me parece que conocerle, no le vas a conocer...
-¿Por qué? Qué tío más antipático.

Retomaré la conversación sobre Dalí en otro momento. Cuando Déborah esté bien informada y pueda seguirme la conversación.

-Lo que digo -prosiguió ella- es que me cuesta demasiado explicar mis sueños. Pienso que es mejor que puedas verlos.

Déborah, la torpe y tosca Déborah. La impulsiva, frágil y atolondrada. A veces parecía idiota, y otras decía -a su manera- sabidurías.

-Tienes toda la razón. Es muy difícil explicar la abstracción con palabras banales.

Y me sonrió porque la había entendido.

Al día siguiente estrenó sus materiales de pintura. Cuando acabó me llamó y me asomé a mirar. ¿A que no adivina que pintó? Un cielo estrellado surcado por relámpagos de diversos colores.

-¿No es lo más bonito que has visto en toda tu vida? -preguntó
-Sí, sí que lo es. Te envidio.

Llamó a Nicholai y le pidió su opinión al respecto. Nicholai se encogió de hombros y me miró buscando una respuesta que decir. Yo negué con la cabeza para explicarle que no iba a ordenárselo. Pero el droide no lo comprendió y me imitó. Negó con la cabeza. Déborah se sintió muy ofendida. De la misma frustración, en aquel momento, estrenó sus lágrimas. Como de costumbre, salió corriendo y pegó un portazo.

No apareció en toda la noche.

A la mañana siguiente llegó mientras desayunaba. Lucía una amplia sonrisa. Pasó por el lado de Nicholai apenas sin mirarle y se sentó frente a mí.

-He conocido a un chico. -ella hablaba mientras yo masticaba una tostada- Es diferente a los demás. No ha intentado acostarse conmigo. Hemos hablado de muchas cosas. De cine, de arte, de música. También he aprendido algo nuevo: "Filosofía". Es muy interesante, pero algo complicada. Es más o igual de atractivo que Nicholai. Me gusta mucho.

-Sólo le conoces de un día, ¿ya estás tan segura?

-¡Es mejor que estar enamorada de una Chatarra! -desvía la mirada hacia Nicholai apretando los dientes.

-Tal vez. -Acerqué mi taza de café y bebí un sorbo después de tal contestación que no decía Nada.

Esa misma noche, Déborah salió con el supuesto chico encantador. Yo fui al trastero con la intención de ordenarlo un poco cuando me encontré de narices con una de las espinitas que tenía clavada en el corazón. Mi guitarra.
La pobre tenía las cuerdas oxidadas, pero su pintura verde seguía intacta en perfecto estado. Verdina. Qué recuerdos. Aunque me avergüenza confesar que sólo me aprendí unos acordes. Al final dejé de lado el trastero y me concentré en la guitarra. Estuve tocando hasta que Déborah llegó. Advertí que tenía las mejillas mojadas, así que no le pedí explicaciones de absolutamente nada. Ya recuerda su manía de hablar poco cuando debemos interpretar que está triste.

-¿Te gusta? -inquirí- Es una guitarra electro-acústica.
-¿Podrías enseñarme a tocar algo con ella?
-Claro, pero yo no sé mucho, la verdad.

Le enseñé lo poco que sabía y los días siguientes ella se apoderó de la guitarra. Pero eso no fue lo único que hizo. Por desgracia... La semana siguiente, advertí que cogía latas de aceite orgánico del almacén. Por las noches, bebía tres o cuatro seguidas mientras tocaba la guitarra. Usted no lo comprende, cuando circula demasiado aceite orgánico, el sistema no es capaz de adherirlo todo y causa el mismo efecto que pudiera causar el alcohol. Así estuvo más de una semana sin parar. Un día me pareció que ya era suficiente. Ella tocaba un Blues muy triste. Había aprendido a tocar lo que yo y más. Y pensará "Para un droide será algo chupado". Pues no. Es verdad que la música es matemática en parte, pero hay más. Tiene que ser tocada con alma y espíritu. Si yo le dijera a Nicholai que tocara, lo haría de una forma perfecta y limpia. Pero probablemente no transmitiría nada porque no tendría chispa. Y ya no hablemos de la improvisación...

-Bebes demasiado, Déborah, no es bueno para ti. ¿Quieres que se te oxiden los tornillos?

-Qué más me dará unos tornillos o el esqueleto que soporta mi cuerpo. ¿Qué más me dará si el corazón se oxidó?

-No hables así...

-Estoy cansada de ser un coño. -atajó, de repente. Nunca la había oído decir esa palabra. Jamás. Abrí mucho los ojos.- Antes estaba agusto porque era lo que yo quería. Lo que buscaba. No me importaba porque yo no esperaba más de los hombres. -suspiró- pero esta vez yo quería algo distinto. Conversar, ir al cine... No sé, algo que no acabara en penetración a las dos horas.

Por lo visto aquel energúmeno la endulzó con palabras tiernas hasta que se acostó con ella. No volvió a llamar más.

-En ocasiones el pulso se me acelera, la boca se me reseca, me duele el pecho y noto como mi bilis se revuelve. Me imagino mis vísceras de un color azul-violáceas moviéndose en mi interior. Entonces me cuesta respirar, hiperventilo y pienso "Ha llegado la hora de morir". ¿Te ha pasado alguna vez?

-Déborah... Tu más que nadie mereces ser un "Alguien" y no un "algo".

Me devolvió las latas y la guitarra y me dijo que se marchaba a dormir. Debo interpretar que va a dejar la fea costumbre. Me alegro. Me tenía preocupada. Espero que las cosas vuelvan a la normalidad. Y si no vuelve a tener sexo con hombres anónimos -que esto realmente no importa ni empezará a importar nunca- vuelva a recuperar ese rubor en las mejillas, sus preguntas estúpidas y esa energía que siempre la han caracterizado. Esas ganas de vivir.

Nicholai posó su brazo sobre mi hombro y sus ojos desprendieron un pequeño centelleo. Por entonces no supe descifrarlo.

viernes, 5 de agosto de 2011

Un pequeño adelanto.

AVISO, ALTO CONTENIDO DE SPOILER.
Esto sólo es un pequeño boceto y adelanto. En realidad, lo más seguro es que esté divido en dos partes y haya explicaciones más exhaustivas de... ¿todo?

Me llevaron a base de tiro y puntapiés entre los pasillos translúcidos. Parecía que pisaba las estrellas. De hecho, así era. Recorrí bastante distancia hasta la celda. O quizás no. Quizás estuviera demasiado drogada. Risas groseras y chistes sobre cómo abatieron a los rusos. Esa fue la banda sonora del trayecto. Mareo, asfixia, náuseas. De un empujón caí en el calabozo.
-Esto te enseñará a mantener la puta boca cerrada. Conque creías que ibas a burlarte de nosotros, los Imperialistas de este nuevo Mundo.

Apenas discierno las horas o lo que ocurrió allí. Tiempo después tuve consciencia que estuve V días encerrada, en los cuales no comí y estuvieron inyectándome algún tipo de droga mediante el aire. Malditos bastardos...

A veces las horas parecían años y otras tantas apenas un micro segundo. A veces me veía correr en la arena de la playa y otras caer a un abismo interminable. A veces sentía que había muerto cientos de veces. A veces me sentía una soñadora distante en la inmersidad del solitario y misterioso cosmos.
A veces... A veces...

Se habían llevado a Deborah y a Nicholai. Estaba sola. Totalmente. Como antes de haberlos construido. Como cuando la partida de mi hermano. Entraba a hurtadillas en su habitación e inspeccionaba todos sus planos hasta que les di forma. Él nunca lo había hecho. Álvaro, ¿dónde estarás ahora? ¿te seguirás acordando de mí?

Una explosión agujereó mi puerta. Una gran búrbuja blanca entraba en mi calabozo. Olía a plástico quemado con fuerza. Seguía tendida en el suelo con la vista a la luz fluorescente del techo. Sin fuerzas para moverme. Apenas sabía dónde estaba.

-¡Cogedla, hay que sacarla de aquí inmediatamente, no sabemos cuanto más podrá resistir!

Algo o alguien me levantaba del suelo. Me pareció ver el brillo verde de los ojos de... ¿pero era posible?

-¡Space, no nos queda mucho tiempo, la compuerta no tardará en abrirse!
-¡Diablos, Lamba, estoy enterado de lo jodidos que estamos! ¡Abrirás la compuerta a mi señal, Jack! ¡Lamba, tú te encargas de la fila de la derecha y yo me encargo de la izquierda! ¿Entendido?

Los párpados me pesaban demasiado. Mi corazón se relentizaba más y más...No sentía aire en mis pulmones. Estaba claro. Hasta un idiota se daría cuenta. Me estaba muriendo.

-¡¡¡Madre, aguanta, madre!!!

El sonido era cada vez más distorsionado. Se iba perdiendo entre estridentes sonidos de disparos y gritos.

-¡Joder!

Desperté en una baldosa blanca en medio del Cinturón de Kuiper. Lo sabía porque podía divisar perfectamente al planeta X. Estaba muy lejos de casa, la Tierra, y de un momento a otro tuve necesidad de huir. Correr a mi hogar. Volver, sentirme segura. A cada paso una nueva baldosa aparecía antes de que colocara el pie en la superficie. Corrí y corrí sin mirar hacia atrás. Pasé Neptuno, aquel tan azul y sin embargo, no me detuve a observarlo como acostumbro.

Al fin llegué. Mi hogar. Mis litros de pintura que caben en tres retinas. Cruzaba la estratosfera cuando una chica rubia se me puso delante obstaculizando mi paso. Ella no pisaba suelo. Levitaba.

-No me dejas pasar.
-¿Por qué caminas si no hay gravedad?
-No lo sé, pero quiero pasar y molestas.
-No te dejaré. Las estrellas de Ara comentan que no eres capaz de flotar porque estás en fase de Crisálida. Las ideas fluyen como mariposas.
-¿Y qué tengo que hacer?
-Vomitar vanguardias mientras te columpias en las telarañas del subconsciente. Suicidar tu cuerpo. Olvidar los sentidos. Practicar sexo a través de la mente.

Enarcó una ceja y una fuerza invisible me lanzó fuera de la baldosa. Caía en picado. Caía en picado a una velocidad vertiginosa y llegó un momento en que bajo mis pies apareció una superficie. Un límite dentro del infinito.

Esa era la ecuación sin resolver. El problema.

Me incorporé de la cama agetreada. Parpadeé varias veces para acostumbrarme a la luz. Conocía el lugar. Estaba en mi Pegassus. Salí de puntillas de mi camarote y me encontré de espaldas a un hombre con una escafandra de la ISS. Mi primer reflejo fue sobresaltarme. Se giró lentamente.
Space. Mi querido Space. Era él. Me lancé a sus brazos y tras unos segundos emotivos, miré a mi alrededor. Allí también se encontraban Jack, el Capitán pirata, mi Criatura científica Kaleiana, Deborah, Nicholai y un nuevo muchacho que no conocía.

-Este es Lamba. Era el líder de la Resistencia.
-¿Qué hacen ellos aquí?
-Verás, V, nuevos tiempos se avecinan... Los Piratas y la Resistencia ya no existen. Es más, el viejo Space que tú conociste tampoco existe - Se arranca el icono de la ISS del brazo - Una nueva era comienza. Una era de Libertad y Victoria. Ellos están aquí porque quieren. Por gusto. No quieren vivir más arrodillados. Quieren luchar. Y si hay que morir intentándolo, seremos los primeros en beber de las aguas de Estigia surcadas por la barca de Caronte.

Miré a los ojos a Nicholai. No cabía duda. Él era quien me había cargado. No podría borrar el brillo de sus ojos verdes de mi taladrado cerebro. Y aquella Chatarra eficiente había reaccionado. Al fin. Sus gritos de desesperación le delataron. Sentía. ¿Cómo no pude adivinarlo en sus ojos verdes?

-Ya no habrá nunca más diferencias.-Continuó Space- No importa razas, procedencia, costumbres sociales. Todos unidos por un mismo objetivo. La liberación. -apoya suavemente su mano en mi brazo - Bienvenida, V. Bienvenida a la tripulación de los Cowboys del Espacio.

jueves, 28 de julio de 2011

Caleidoscopio.

La complaceré, pues.

Mi científico Kaleiano me llevó hasta su laboratorio submarino. Fuimos en su carroza (yo con escafandra puesta hasta la llegada) tiradas por sus fieles mascotas: Congrio Gigante Asesino y Boquerón Gigante Asesino. Dentros allí, en las cúpulas conectadas por pequeños pasillos, me explicó por qué el planeta Kalei, se le conoce como tal. Aunque ya sabe que en Blargable suena de otra manera. Las rocas componentes del fondo marino de Kalei, contienen diferentes formas y colores simétricas semejantes a un Caleidoscopio. Pero al contrario que éstos, las rocas son sólidas y no imágenes proyectadas en tres espejos. Material con el que precisamente investiga mi buena Criatura.

Las Criaturas Marinas tienen una piel dura con pequeños salientes donde se quedan enganchadas las algas de su ecosistema. Dependiendo donde vivan, así será el color de sus algas, que suelen tapar casi todo su cuerpo. Una Criatura puede comer cualquier tipo de carne, pero prefieren alimentarse de pequeñas presas que para su extraño paladar resulten deliciosas. Tienen cuatro estómagos diferentes. Si una Criatura pierde un estómago puede seguir digeriendo con los restantes. En su vida social, dan sólo prioridad a una cosa. El sexo. En la sociedad kaleiana no existen los rumores y las acciones "mal vistas", son bastantes independientes los unos a los otros y sólo suelen reunirse por motivos sexuales o económicos. Son algo fríos, pero hay que resaltar que conviven unas con otras con bastante tranquilidad y sin ningún conflicto social como la moral (y evidentemente lo que nuestra querida amiga acarrea). Es simple. Si no está establecido, no puede tomar forma, perjudicar, crecer, ni hacer que vayan en línea recta a partir de.

Después de la charla, la explicación del material y de la sociedad del planeta, mi Criatura y yo vimos conveniente volver a la nave y echar un vistazo a mi rehén y a mis droides. Sólo por asegurarnos.

Allí arriba, todos los Ángeles y la Corte Celestial oyeron mi grito de frustración ante lo que veían mis ojos. Frustración por no haberlo evitado.

Deborah movía rítmicamente sus caderas en la entrepierna del Capitán Jack. Él atado con los pantalones bajados. Ella reproduciendo sonidos de gozo. ¿Gozo...? ¿Goza? Clavaba los dedos en su melena negra. Él tenía los ojos desencajados. Nicholai estático mantenía sus pupilas inertes en la escena. Sin hacer nada. Todo sucedió muy deprisa. Ella bajó del potro. Él rogó que le subieran los pantalones. Nicholai seguía quieto. La Criatura no entendía el por qué de mi drama. Deborah se limitaba a decir lloriqueando "No reaccionaba. Nicholai no reaccionaba. Le ordené que mirara." Jack estaba agotado. A saber cuánto tiempo había estado Deborah obligándole a practicar sexo. Ella había estado encima, pero todo hombre tiene su límite.
Como castigo desconecté a Deborah durante dos horas aproximadamente, y desaté a Jack.
-Verás...-musitó él- De improviso se me acercó y sin permiso ni delicadeza me bajó los pantalones y...-se sentó de cuclillas y se llevó las manos a la cabeza- Yo no pude evitarlo, estaba atado.
-Sé que si hubieras puesto resistencia las cadenas te transmitirían electricidad. Sé que Deborah está a salvo. Su cuerpo es capaz de retener la electricidad sin problemas...
-¿Retener electricidad?- pregunto perplejo.
-Sí, claro. -dije con naturalidad y evidencia.
-Sigo sin comprender...¿tu hermana absorbe electricidad?
-No es mi hermana. Es mi droide - sonreí- Te ha violado un androide. Dicho así suena muy feo (y cómico)
Levantó la mirada para volver a enterrarla en el suelo.
-Un jodido robot...-tragó saliva- A mí ni siquiera me gusta practicar el sexo. Quiero decir, no es que me repugne. Lo que odio son las necesidades físicas que distraen la mente. Comer, beber. Necesidades que el cuerpo exige. Si pudiera las suprimía.
-Ha sido todo un halago que la hayas confundido con una persona. Trabajé mucho en ella. No esperaba menos -ignoré su pequeña declaración sexual. La verdad es que no suelo hablar de sexo, y menos practicarlo. Me bloqueé y preferí hablar de mi trabajo. Creo que mi voz titubeó.
-¿Entonces el otro chico...?
-Nicholai también es un droide. Pero él es totalmente eficiente. No es como mi Pequeña Zorrilla -aproveché el momento de acercamiento- Cuando mi científico Kaleiano me prepare lo que necesito volveré al planeta Tierra. A ti te dejaré aquí y te daré la oportunidad de que te busques la vida. No sé, llama a tus camaradas que vengan a por ti o que sé yo. Poco me importa, la verdad.
Después de minutos que se hicieron interminables y un empujoncito a su propio orgullo Jack me dijo:
-Te debo una, Sucia esclava del Gobierno. Seas quien seas estoy en deuda contigo. -se puso serio- Pero si coincidimos en el campo de batalla, no tendré piedad. Mi misión está por encima.
-¿Que el deber? -risa sarcástica- No te preocupes, estoy acostumbrada. No se aleja a lo que los terrestres toman como su "propia misión". Es inútil ser moralmente correcta en un mundo inmoral ¿no?
No sé si Jack me había comprendido o no, pero el caso es que me sonrió. Y esa sonrisa con ese pelo negro (mi fetiche) me parecieron encantadores.

Los piratas no tienen coordinación y van por guerrilleras dispersados en diferentes grupos. Cada grupo tiene un Capitán diferente. Los Piratas son impulsivos, pero muy fieros y fuertes en el ataque. Su valía los caracteriza. Su estupidez conducida por la imprudencia, también.
Los Rebeldes sin embargo están centralizados y cooperan conjuntamente con un sólo Capitán al mando y una base principal común. Estrategas, mejores cualificados en armamento y más civilizados.
Ambos a su manera causan problemas a las organizaciones gubernamentales espaciales.
Los Piratas suelen atacar a las personas relacionadas directamente, los rebeldes a las bases, estaciones y naves nodrizas (prefieren atacar el núcleo interno)


Tal como dije, cuando la Criatura tuvo lista mi aleación de minerales con la curiosa sustancia "Caleidoscópica", llevamos a Jack al puerto. Sentí cierta lástima al pensar que nunca más le volvería a ver. ¿Por qué se inventaría el adiós si existe el hasta luego?

lunes, 27 de junio de 2011

¡Piratas Espaciales!

-Risa alegre- Verá...

A la mañana siguiente desperté a mis gólems a primera hora de la mañana. Yo no había dormido en toda la noche planificando el viaje, y les mandé a ellos (hicieron de proletariado, vaya) poner a punto la nave blanca como perla de mar. El Pegassus.

Íbamos bien por la ruta N-64 cuando nos sorprendieron tres naves a nuestro costado. Negras como el ébano. Como las alas de un cuervo. Mi pegassus es una nave pensada para el viaje, no para la guerra. Posee misiles y ametralladoras de nivel estandar. Básicas sin llegar a ser del todo cutres. La maravilla de la nave es su velocidad y agilidad. Siendo yo una excelente estratega, y me disculpo por la hemorragia de ego, pude esquivar y burlar el ataque repentino de estas naves piratas. Porque en una de mis maniobras pude comprobar el símbolo pirata en la nave de mayor tamaño. Se trata de un águila cuyas alas están extendidas y bordeada en blanco. Debo decir que sobrevivimos gracias al potente escudo electromagnético de defensa...
Cansada ya de jugar a piratas y corsarios, activé la velocidad-luz y salí disparada del panorama. O eso creí...
Al parecer al Capitán no le agrada dejar huir a sus oponentes, y antes de que yo activase nada, subió a una cápsula con forma de insecto y se "pegó" literalmente a la Pegassus. Una acción valiente, pero estúpida.

Creo que en la escuela de piratas no le enseñaron que una capsula aterrizando en una pared metálica hace ruido. Solo tuve que enviar a Nicholai y a Deborah con su fuerza sobrehumana para que le cogiesen in fraganti antes de que pudiera ni siquiera agujerear mi nave. Já. Lo até a una silla con una cadena la cual si percibe indicios de forcejeo, emite descargas eléctricas.

-A ver, Piratilla, ¿Qué coño os he hecho?- voz tranquila pero autoritaria.
-¡Sucia perra esclava del Gobierno!- me gritó fuera de sí.
Ya comprendí. Trabajo para la ISS. NASA. La mayoría de los terrestres viven en la ignorancia, y desconocen que existe vida más allá de sus cabezas. También desconocen que la NASA es uno de las más influyentes corporaciones del espacio. ¿De verdad se creían que con todo el dinero que manejan sólo se dedicaban a investigar sin fines lucrativos? Ilusos. Son poderosos, egoístas y... yo formo parte de la mierda. Mantener a la gente en la ignorancia es primordial, puesto "un pueblo ignorante, es un pueblo manejable". Algunos astronautas y trabajadores abandonaron su puesto y exiliaron cansados de la situación injusta y explotadora. Por una parte están los Piratas, que se dedican a robar en lo que puedan a las organizaciones y compartirlo con los más desafortunados y los Rebeldes o la Resistencia, mejor armados y con experiencia militar, con planes más estratégicos y no tan alocados como los primeros. Así fue, como hace años, la raza humana se extendió por el universo.
-¡Soy el Capitán y exijo que me sueltes o mis camaradas te destrozarán el cacharro!
-El problema actualmente lo tiene usted, que está en mi nave y a punto de tiro. Así que controle su cabezonería, que ahora mismo quien habla es su actitud radical hacia el sistema. ¿Cómo se llama?
- Capitán Jack.
-Sparrow -reí, pero él no pareció entender el chiste.

Paseó aquel instante Deborah desnuda delante de los ojos de Jack. Él se la comió con la mirada.

-¿Te gusta?- reaccioné de tal modo que incluso tuteé. ¡Tuteé!- ¡Pues no la vas a disfrutar! ¡Deborah, donde pueda verte!
-No es lo que parece...-se excusaba- sólo intentaba poner celoso a Nicholai para que reaccionara... pero...-Nicholai se encontraba en los mandos del piloto sin inmutarse.
-Ve a vestirte.-Me dirigí entonces a Jack- Ya veremos que hago contigo... de momento, vendrás con nosotros a Kalei. Que se encarguen de ti las Criaturas Marinas kaleianas. Me han comentado que cuando están hambrientas, comen de TODO.
El piratilla que gastaba soberbia, no pronunció palabra. Pero yo pude adivinar por sus gestos que estaba aterrado ante la situación.

El planeta Kalei es en su totalidad acuático. Las Criaturas Marinas, que son seres muy impredecibles, casi irracionales, movidas por impulso o por convenencia, construyeron plataformas para comerciar con razas terrestres. Existen pequeños pueblecillos comerciales donde conviven tierra y agua, pues las Criaturas son anfibias. Las ciudades grandes y de mayor prestigio se encuentran en el fondo marino. Allí aguardaba un químico especializado en la materia, ya que yo por muy química que sea, desconozco las particulares de ese planeta. Su lengua nativa es el blargable, Es un sonido ronco y profundo. Si tuviera que ponerle fonemas sería algo como "larg, labgrbarlagab brlagrbalabgrbalablarg, lagrbrbga." Por suerte, mi Criatura sabe hablar perfecto idioma terrestre. ¡Ah, y pueden adoptar forma humana! No me lo explico. Mi Criatura tiene pelo largo castaño, gafas, es muy alto y delgado. Lleva un gran sombrero fofo y ancho color verde esmeralda. Le queda ridículo. En cuando a la forma de Criatura...En fin, se lo tendré que terminar de explicar otro día. Aquí vuelve...

Deséame suerte, creo que nos vamos a sumergir a su laboratorio en no sé qué corriente. Todavía no manejo el blargable. Para decirlo tendría chirriar una pizarra, hacer que gruñiera un gato y usar una motosierra. Madre Santa...

Me quito una escafandra para ponerme otra...
Siempre a su servicio, V.

domingo, 12 de junio de 2011

Mad World

Bien.

Ayer vimos los tres juntos Blade Runner. Deborah estuvo expectante durante toda la película, prestándole mayor atención a Rachel (no hace falta explicar por qué). Cuando el film acabó, ella me preguntó preocupada:

-¿Vamos a morir dentro de cuatro años?
-No.
-Pero en la peli...
-No te creas todo lo que veas en la tele.

Seguí ojeando e inspeccionando las rutas interespaciales que había dibujado en un papel.

-Ella podía llorar, yo no puedo...-se le atragantaban las palabras-Créeme, no hay nada más frustrante que querer y no poder. También me gustaría soñar. ¿Cómo sabré si sueño con ovejas eléctricas si no?
-Pides demasiado. Esto no es como cuando te compro un libro, pagas y te vas.

Me comporté como una cerda. La estaba ignorando, enfrascada en el trabajo.

-Todavía hay esperanza para él - levanté la vista interesada - Puede que algún día aprenda a sentir.-entrecuzó sus dedos con los de él.

Ciertamente, me sorprendió su iniciativa hacia el gólem al cual había estado llamando durante días Chatarra. "Chatarra, haz esto", "Chatarra, alcánzame lo otro", "Chatarra, eres eficiente pero emocionalmente aburrido".

-Nicholai...-suspiró mientras entrecerraba los ojos pensado Dios sabe qué.


Por la noche Deborah se llevó a Nicholai al cine y yo me quedé sola en casa. Otro dato curioso es que la casa del Principito (aquel muchacho) era antiguamente un cine. Deborah frecuenta el cine muy a menudo. Según ella, "El cine es el primer arte, y luego están los demás".
Sí, las casualidades pintan la vida de una misteriosa belleza.
Nuestra casa, sin embargo, es pequeña y modesta aunque suficiente para los tres. Recordé el día que la compré, el día de la emancipación del hogar paternal.
Construí un satélite casero hace un año, y éste recolectó información secreta de ¿adivinas dónde? la ISS. Lo más normal es que me hubieran encerrado en un plastificado calabozo allí arriba. En vez de eso, Ellos quedaron fascinados con mis investigaciones y experimentos. Acordamos que si yo mantenía la boca cerrada, me subvencionarían. Ahora vivo de mis planos, hipótesis, mecánica, química, informática, y por si fuera poco, de mi Silencio.
Hice buenas migas con uno de ellos. El más taciturno de todos. Cowboy Space, o cariñosamente Space. Nadie revela su auntentico nombre y me tomé la libertad de elegir el pseudónimo. Se me hace más atractivo que llamarle nº 13-S. Que por cierto, odia su número. Manías y fobias con el 13. Va de allá para acá mirando sus zapatos al andar, apenas se relaciona, y si tiene que hablar, espera su turno. Nunca malgasta saliva. Yo que me siento atraída hacia las personas introvertidas, me acerqué a él como quien intenta descifrar la superficie o símbolo.
Hace días que no escribe. Le echo de menos. Juro que si vuelve a dar señales de vida, le llevaré aquel peluche de marinero que tanto quería.

Aprovechando que me encontraba sola, me fui a un pub. Aquella noche sería yo la Femme Fatale, una mujer sola en una barra. Vodka, whisky, ron, absenta, cócteles recorrieron mi garganta hasta el estómago. Debo admitir que andaba un tanto ebria. Un hombre de pelo encrespado pareció notarlo y se sentó a mi lado.

-Hola, preciosa. ¿Trabajas? ¿tienes novios? ¿qué te gusta hacer?

Risilla estúpida.

-Buenas, caballero. -entre risas tontas- Trabajo para la ISS. Soy una científica-mecánica de la plantilla superior, sector V, nº 369. -la voz sonaba distorsionada a causa del alcohol.- Mi mejor amigo es astronauta. Lo que me gusta hacer...-risilla imbécil- es viajar en mi nave espacial con mis droides. A veces hacemos excursiones a las nebulosas. -me sobresalto- ¡Pero no crea que dentro de ellas explícitamente, no me sea bufón! Para contemplarlas, hay que hacerlo desde una distancia considerable.-Tomo un vaso cercano y se lo puse en sus narices- No ve nada, ¿cierto?. Los pilares gaseosos de Águila son magníficos. Debería ir. También me gusta fumar Polvo Estelar. Los hipopótamos hambrientos son algo pesados, pero nada más. Los Equus Maris son exigentes, y se exasperan si les llamas Caballitos de Mar. Piensan que es una vulgaridad, un insulto. Las pipas reproducen un sonido chirriante y agudo un tanto molesto, y las refracciones...
-Señorita, está majara. Váyase a un médico.-El hombre de pelo encrespado se levanta dejando vacante el asiento mientras se carcajea de forma estridente y ordinaria.
Una mujer de unos veintitantos años ocupó el lugar vacío trayendo consigo su Bloody Mary.
-Pues a mí si me interesa lo que decía. ¿Podría contármelo?
Agité la pajita ensimismada.
-Eeeh, sí.
-¿Me haces un favor? Me gustaría que me tuteara.
-Eeeh, sí. -Me cuesta no ustear, es una manía que tengo.- Verá, mi droide femenina está empeñada en que quiere llorar y soñar. ¿Es consciente el arduo trabajo que acarrea? Para lograr que soñase, tendría que levantar la tapa de su cráneo, instalarle un reproductor y conectarlo a su disco duro. ¡No acaba aquí! Tendría además que fabricarle un sueño diferente para cada día y guardarlo en los archivos. Y para que llorase...por la misma tapa, colocar un pequeño acueducto, que habría que renovar el agua, y asegurarme que desemboca en las cuencas de los ojos.
-La verdad es que suena difícil. Dime, ¿cuál ha sido el mejor sueño que has tenido?
-El mejor...-eché mano a mi memoria- Ah, sí. Ya lo recuerdo. Mi oficio consistía en fotografiar relámpagos mientras volaba con un gorro-helicóptero. La ciudad que sobrevolaba estaba contaminada lumínicamente, pero eso no impedía que me cubriera un cielo estrellado. Había castillos, palacios de diferentes épocas y arquitectura moderna. Las descargas eléctricas casi me alcanzaban, pero yo volaba aprisa y las fotografías eran como escuchar el solo de "Hey you", o la letra de "Wish you were here" de Pink Floyd.
-¿Lo compartiría si pudiera?
Segundos de silencio.
-¡Sí, usted tiene razón!-golpeé la mesa con entusiasmo- ¿Qué es todo ese trabajo comparado con tal semejante visión? ¡Nada!-le estreché la mano-Muchas gracias, estoy muy agradecida.
-Descuida, no he hecho nada- Dibujó una sonrisa desbordante.
-¿Cree que soy inmadura?
-Deja la madurez para los árboles y la manzanas. Yo creo que su imaginación la hacen encantadora.

La mujer me acompañó hasta la puerta y me despidió mientras encendía un Fortuna con una cerilla. Al igual que una escena de película que se nos cala, yo jamás olvidaré cómo acercaba lentamente el cigarro a sus labios y aspiraba el humo. Jamás.

Nada más llegar, empecé a preparar el viaje. Deborah y Nicholai ya estaban durmiendo.

"It's a very, very mad world"

miércoles, 8 de junio de 2011

Chatarra.

El Príncipito descansa en la estantería, junto al Polvo Estelar. Desde aquella vez que intenté quitárselo, no lo ha vuelto a tocar más. A veces pasa por su lado, le dedica una mirada y se sienta al lado opuesto de la habitación. Se recuesta contra la pared y fija la vista en la nada. No me equivoco si afirmo que en su sistema de datos, estará más que guardado la obra completa, y conociendo a mi Pequeña, lo revisará desde allí. Lo buscará de sus entrañas, como cuando los seres humanos recordamos un momento que jamás volverá, pero tenemos la dicha de haberlo vivido intensamente.

Al principio me alegró comprobar que Deborah volvía a escaparse por las noches y creí que había vuelto a su antigua rutina lujuriosa. Pero no. Cuando volvía, repetía la secuencia que ya he nombrado mirando al vacío. Como si sus ojos pudieran destilar melancolía o taciturnidad.

Yo no pude más que preocuparme por ella y sentirme impotente, pero entonces pasó: se me ocurrió, desde mi parecer, una fantástica idea. Construir un nuevo droide. Un compañero.
He estado estos días trabajando duro, tanto consiguiendo el material, como construyendo los circuitos, sistemas, datos, y el esqueleto, por supuesto. Un arduo trabajo, que hoy, no me voy a dedicar a explicar.
Este nuevo droide tiene la apariencia de un hombre de la misma edad que Deborah. Rondando los veinte años. Es la única diferencia que tienen, la apariencia. En lo demás (ya sabe, a cuanto mecánica e informática se refiere) son exactamente iguales.

-Tengo una sorpresa para ti- le dije.

La llevé hasta donde reposaba el cuerpo inerte del nuevo gólem aún desnudo.

-Él está hecho para ti, y tú para él. Será tu compañero.

Posó sus negras y espesas pestañas en el droide, le tocó las facciones de la cara, los párpados cerrados, los labios, acarició los pectolares, los abdominales y pasó su dedo por el pequeño hundimiento del mentón.

-Eres una depravada - espetó- ¿Pretendes que cometa incesto con mi propio hermano?

Parpadeé varias veces.

-Verás...No es tu hermano.
-Tú eres nuestra madre, por lo tanto, sí que es mi hermano.

Maldito sistema de lógica y razón. Funciona sólo cuando le apetece. ¡Demonios!

-Sí, pero quiero decir que no tenéis conexión de sangre (¡no poseéis tal elemento!) - Paciencia, paciencia- Tu aceite orgánico no es el mismo que el de él, ¿comprendes?
-Pues yo no lo quiero. Lo has fabricado a tu gusto. No has tenido la amabilidad de preguntarme. Me quieres emparejar con alguien que aún no conozco.

(¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!)

-¿Y qué te crees, que así funcionan las cosas? ¿Que los seres humanos elegimos a la carta lo que queremos? -pausa- Mira, olvídalo. Como bien has dicho, aún no le conoces.

Terminada la disputa, me dispuse a despertarlo. Para el primer despertar no uso Polvo Estelar por precaución. Primero lo conecto a la red eléctrica, que tiene una carga menor y así se comprueba si todo marcha bien. Accedí el interruptor y...

Abrió los ojos lentamente y se encontraron los dos en miradas. Los grises de ella, con los verdes de él.

-Hola, Madre-dijo el recién despertado.

A diferencia de Deborah, no sufrió un chispazo en sus circuitos mientras lo montaba. De este modo, una información básica sí que poseía, entre ellas, el lenguaje. Si todavía lo recuerdas, Deborah tuvo que aprenderlo todo desde cero.

-¿Puedes moverte? - le pregunté. El droide asintió e inmediato se puso en pie.

-¡Muéstranos tu sonrisa!- y como cabía esperar, el droide obedeció.

Deborah me apartó de un empellón y tomó parte:
-¿Qué te gusta? ¿Qué no te gusta? ¿Te gustan las películas? ¿Y el cine? ¿el sex...?
-¡Deborah, que acaba de nacer, no tendrá ni pajolera idea de lo que le estás diciendo!

Pero tal razonamiento no fue suficiente para mantener la sonrisa de Deborah cuando éste dijo:

-No sé qué son tales cosas, Señorita, pero si Madre me ordena que me gusten, me gustarán.

El rostro se le ensombreció, arrugó la frente y vomitó:
-Chatarra.

Ahora yo estoy aquí con mi Pequeño conectado a la red mientras "duerme". Deborah hará media hora que se marchó malhumorada. Aliviará la rabia con sexo candente, imagino. Me compadezco del pobre hombre que caiga en sus fauces.

El no haber sufrido chispazo no sólo ha afectado a que el droide mantenga los conocimientos básicos. También mantiene lo que en teoría debe ser un droide. Deborah es un caso especial. Muy especial. Quizá la única en su especie. Una maldita mujer bicentenaria, como Robin Williams.


Podría desmontar al droide y causar el chispazo a posta. Tal vez funcionara, tal vez no. Pero no voy a hacerlo. Porque las obras, son como hijos, y los hijos hay que quererlos tal y como son. Con sus imperfecciones. Y en este caso, con su perfección.

viernes, 3 de junio de 2011

Noir.

Es largo de explicar. Creo.

El lunes Deborah arrancó una a una las páginas del libro "Ana Karenina" . Hizo un montículo y las quemó en el patio. Yo al sentir el aire cargado, salí rauda a averiguar de dónde provenía el penetrante olor.

-¿Qué has hecho, Deborah?- le grité con un semblante imagino que aterrador.
Ella negó con fuerza en un gesto de cabeza - Es triste. No quiero.

Yo al imaginar qué desagradó -¿desagradar? ¿pero acaso puede desagradarle o gustarle algo?- a mi Pequeña (que si no recuerdo mal, Ana moría en las fauces del tren) en vez de enojarme con ella, le cedí completamente mi cuerpo para que se aferrara a él. Seguimos las llamas y el humo ascender al cielo. A un cielo oscuro y amenazante. El manto negro dueño de nuestros desvaríos.

El martes por la mañana me pidió que la llevara a la librería. Quería un libro nuevo, y gustosa la llevé.

-¡Este, quiero este!
-A ver... "El principito"
-¡Sí, sí! -me zarandea de la ropa.
-¡Que sí, pesada!

La primera vez que leí El Principito tengo que decir que lo subestimé. No es que no me gustara, simplemente pensé que se había hecho demasiado famoso para lo que era. Ahora, que soy más mayor, pienso que tanta vertiente de interpretación debe ser recompensada. Además, la que opinó aquella primera vez era una vieja chocha que creía saber todo, cuando no sabía una mierda. Si bien este libro quizá sencillo para algunos, yo opino que no lo podría escribir cualquiera. La sencillez infantil. Sí, sólo la mente de un niño podría haberlo hecho. ¿Rescatarán los hombres adultos alguna vez su niño interior?

Le compré el librito y tan felices para casa. Ella al ser androide, lee a una velocidad vertiginosa. Tal vez haya leído mil veces el relato por día. Tal vez más.

Y ya he descubierto por qué pasea a todos lados con un libro bajo el brazo. Verás, resulta de que por las tardes marcha a la playa. Por las madrugadas, que es cuando ella ve la tele, siempre ponen una película (de mala muerte, de las de serie Z). Resulta que en una de ellas, la protagonista andaba de acá para allá con un libro distinto cada vez. Posiblemente su sistema de aprendizaje ha adherido que ese comportamiento es algo natural es las féminas humanas.

Ayer, miércoles, después de almorzar me rogó que la acompañara.
-¿Pero a dónde vamos?
-Tú sólo vendrás por si acaso te necesito, pero la que manda esta vez soy yo.
-¿Pero qué co...? -Si tenemos en cuenta que la construí y puse todo mi empeño en ella, se me podría considerar su Madre. Ella es mi creación, mi obra más perfecta. Sí, yo soy su madre. Por esto y por darle un capricho le dije: Entendido.

Callejeamos con un sol ardiente en la espalda. Una calle larga que lleva directa al mar. Pasamos la tarde allí, entre el sonido relajante del oleaje y el sabor de sal en los labios y en el cuerpo.

-Ya es la hora.
-¿De qué?
-Él.

Volvimos a recorrer la misma calle. Yo no entendía muy bien qué estaba ocurriendo, pero me dejé llevar. De repente, Deborah deja de caminar delante de una casa enorme. Gigantesca, monstruosa. Naranja, peculiar entre las demás. De ella sale un muchacho de pelo castaño claro. Labios apetecibles, ojos grandes, de esos es lo que no te importaría verte reflejada eternamente. "Cómo olvidar sus grandes ojos fijos" Ya lo dijo Pablo Neruda. Cuerpo de canon griego, y un atractivo grácil, de los que sólo una persona risueña puede tener. Verle era como contemplar pura Armonía. Como contemplar a tu contradictoria, pero semejante, personificación.

Seguido de él, una chica. Morena, pequeña, menuda, ojos expresivos, labios carnosos. Sonrisa desbordante, y aunque joda, guapísima.

En ese momento, Deborah apretó el libro contra su pecho y echó a correr. Yo no hice nada. Así fue como lo acordamos. Me pregunto si todas sus reacciones son modelos y perfiles psicólogicos que ha estado guardando en su sistema. De todos modos, sigue siendo un misterio. Aún con este planteamiento. También comprendo por qué la playa. Una excusa para detenerse delante de una casa. Día tras día. Recordándola los primeros días de su existencia. Tosca, bruta, sedienta de sexo, sin remordimientos, sin pudor. Una más en la barra de un bar. Y ahora... sedienta sí, pero de amor.

Justamente cuando llegué a casa estaba ella absorta en el libro. Intenté quitárselo para que no corriera la misma suerte que el primero. Volvió a negarme con fuerza en un gesto de cabeza. A muchos podría resultarle molesto este afán suyo por no mediar palabra cuando -debemos interpretar- que está triste. ¿Puede de verdad estar triste?

-El Principito es él ¿verdad? Te recuerda a él. Por eso no lo vas a quemar.
Asiente.

Quedé tan conmovida por los pseudo-sentimientos de mi gólem, que ya poco me importó el Polvo Estelar y su color. Conmovida, o quizás la envidiara. La envidiaba porque parecía que el corazón de metal era el mío y no el suyo. Fumé por lo menos la mitad del cargamento. Yo sola de una sentada. No podría explicar que fui capaz de ver. Vislumbro conejos blancos correteando a mi alrededor, pipas de fumar que afirman que no son pipas, caballitos de mar gigantes (aunque ellos prefieren que se les llame Equus Maris), hipopótamos hambrientos (sedientos más bien) que me pedían cerveza helada. Luego refracciones de luz. Refracción en el espejo, refracción en la pared, en el techo, en el aire, en mis pupilas, ¡hasta en el agua del váter! Sí, estoy segura de que el Polvo Estelar Negro le hubiera ahorrado tiempo a la filosofía teleológica.

Cuando las refracciones se marcharon, di una mirada de soslayo a Deborah. Ella me la devolvió. "Sálvame". Pero ninguna hizo nada.





"Esto no es una pipa"



viernes, 27 de mayo de 2011

Polvo Estelar

Debería estar escribiendo sobre mi experiencia en la Acampada de Sevilla, pero sinceramente, no me apetece. O quizás fueron tantas emociones juntas, que no soy capaz de organizarme en palabras. Al menos, de momento.

Os dejo un pequeño relato que se me ocurrió en mis cuatro horas de vuelta de autobús.

*Deborah es un gólem.

El viernes Deborah y yo trabajamos toda la noche para tener a punto el Pegassus. Arreglamos las averías causadas por los malditos vándalos anónimos. Instalamos también el sistema de seguridad que diseñamos entre las dos, no me resultó muy difícil con su ayuda.

Subimos a bordo, preparé las coordenadas hacia el planeta Sevis. Cuatro horas de viaje, y eso que íbamos a la velocidad de la luz. Un poco lejos, pero era de total urgencia. No podíamos aguantar más sin Polvo Sideral.

Hicimos una parada de 10 minutos. Dejamos el piloto estático. Mientras tanto nos entretuvimos observando las explosiones de las supernovas lejanas. No existe una visión igual. Aunque supongo que tú, Space, ya lo sabrás.

Los habitantes de Sevis no tienen muy buena fama interespacial. Teóricamente son unos seres rastreros, malvados y no es conveniente relacionarse con ellos. Ya me conoce, no le temo al peligro. Ni al riesgo.

Físicamente tienen nuestra aspecto, quiero decir, son humanoides. Lo único que les caracterizan de nosotros, es su piel grisácea, los ojos, que parecen inyectados en sangre y unos colmillos levemente desarrollados. Siempre van ataviados con gabardinas y un sombrero de ala ancha, con el que suelen resguardar parcialmente su rostro. Sombrero... Y eso que su cielo es de un tono plomizo. Cuestión de símbolo.

Mis contactos sevisianos aguardaron muy puntuales en el lugar citado, y debo añadir que fueron muy amables. Apariencia, apariencia. Realizamos el pacto previamente acordado y sin ningún tipo de problema.

El plan primario era volver nada más recoger el cargamento, pero a Deborah y a mí nos sorprendió en nuestra ruta de vuelta, un cinturón de asteroides que inexplicablemente se trasladó. Todo un misterio. Sin más remedio, descansamos allí un día más.

Pasado ya el peligro, nos despedimos del gris planeta con cierta simpatía y rumbo a casa. Abrimos el cargamento. Me quedé pretificada a la impresión. Polvo estelar negro. Negro. ¿Negro? ¡NEGRO!

Explico: el polvo de estrellas es azul. Siempre. Deborah y yo en total sintonía nos miramos largamente estupefactas.

"Supongo que el de allí será de este color. Sí, si buscamos una lógica, será por el ambiente. El ambiente era algo ceniciento, las estrellas cercanas, tal vez...

Tranquilizándola con estos argumentos, le serví la cantidad estándar para su funcionamento.

Todo perfecto. Energía corporal bien, sus funciones mentales bien. Todo perfecto. Pero me equivoqué...

Al día siguiente, se me acerca decidida.
-Estoy enamorada.
-¿Qué?
-Que estoy enamorada.
-Me río cantarinamente- Tú no puedes estar enamorada, lela, no te di esa opción en tu parche de inteligencia artificial. Ni si quiera está al alcance de tu sistema de aprendizaje.
-¡Pues lo estoy, despreciable engendro de carne!
-...

Se va de un sonoro portazo. "Despreciable engendro de carne". Buena ésa. Pensé en desmotarla y añadirle unos datos de modales, pero entonces dejaría de ser Deborah. En fin, la dejé marchar y observé su comportamiento radical.

Dejó de usar la ropa provocativa. Ahora viste ropa formal, muy puritana. Ya no se escapa por las noches. Se escapa por las tardes; Con un libro bajo el brazo. Ana Karenina de Tolstói.

El polvo estelar sigue en la estantería. Yo lo miro recelosa desde cierta distancia. No me atrevo a probarlo.