Siento la tardanza, querida. En estos meses V ha estado ocupada. Se lo crea o no, me enviaron a batalla. Sí. Yo tampoco lo podía creer. No soy un soldado.
Fue en uno de esos días calmados de Octubre. De cuando las hojas empiezan a caer y crujen bajo nuestros pies al andar.
Yo estaba, como de costumbre, enfrascada en mi trabajo. Nicholai y Déborah contemplaban juntos una pequeña cortina de llovizna a través de la ventana. Entonces los oí conversar:
-¿No te parece que la peor de las emociones es la nostalgia?-Nicholai miraba la ventana embobado sin siquiera mirar a su receptora.
-Claro... no sé para que te pregunto a ti, montón de cables...-suspira.
-Vaya...-Para expectación de todos, habló- Creía que mi apodo era "Chatarra".
-Es igual. Tú no eres capaz de percibir más allá de tus datos ya almacenados. Es como hablar con la tostadora...
Nicholai se aclaró la garganta.
-Está bien.- La miró- ¿Cuándo te refieres a nostalgia, hablas de aquel sentimiento que padecemos cuando añoramos un recuerdo vivido? ¿A un tiempo pasado? ¿A ese espectro inofensivo pero que nos aprieta el cuello? Has dejado pasar algo por alto. En teoría, si tengo datos ya almacenados, como dices, podría percibir y comprender sobre ello. Nostalgia. -Se levanta y apoya las manos en el alféizar- Déjame darte un nuevo argumento. Yo sé de algo peor. Añorar lo que no ha ocurrido. No tener donde echar mano a tus memorias. Contentarte con inventar un mundo paralelo. Jé - con tono irónico- Tienes toda la razón. Mi argumento es una mierda. No tengo la menor idea de lo que es tener Nostalgia.
Y esa fue la primera vez que el portazo no lo dio Déborah.
-Increíble...- Logré articular al fin. -¡Increíble!
-Madre, ¿has desmotando a Nicholai y has creado uno nuevo?
-No. ¡No! ¡Rayos y retruécanos! ¡Demonios! ¡Pardiez! ¡Que me aspen! -Risa casi gutural- ¡Soy una genio!
Mi risa arrogante se mezcló con un "No es posible".
Durante los días siguientes Nicholai no volvió a dar muestras de inteligencia no-artificial. Es como si hubiera saltado una chispa para volver a apagarse. Yo no perdí la esperanza. Estaba dispuesta a esperar X tiempo si hacia falta para volver a videar aunque sea, la estela del cometa.
-¡Debo apuntar estos progresos en el ordenador ahora mismo!-Corrí rauda hacia el PC. Un molesto pitido sonó cuando se encendió.- ¡Maldito sea quien inventó la publicidad y los SPAMS! Espera... ¿Un mail de...?
-Madre... estás muy excitada... Nunca te había visto así...
-¡No jodas! -le grité a la pantalla- ¡Hoy los jodidos hados se han puesto de acuerdo para mantener mi cuerpo agitado!
-Madre, ¿Me oyes...?
-No hay tiempo, Déborah, he de marchar ahora mismo. Cuida de la casa y de Nicholai.
Quedamos en un garito donde lo que se podía oír era Rock y Metal. Qué viejos recuerdos. Cuando llegué, sonaba Slayer.
-Largo tiempo, Karen.
-Ya nadie me llama así.
-Bueno, espero que me cedas aún el derecho. Creo que lo gané.
-¿Te importa que fume?
-No me gusta el tabaco, pero adelante.
Me hubiese encantado cogerle del brazo y arrastrarle a mover la cabeza al ritmo de la música. Como solíamos. Él y yo.
-¿De qué me tenías que informar?
-Ruta X-360. ¿La conoces?
-Sí. Tengo entendido que nuestros "camaradas" están intentando invadir un planeta de pequeño tamaño allí.
-Exacto. Pequeño pero plagado de recursos. Los habitantes apenas pueden defenderse, y habría sido una batalla ganada, pero la Resistencia ha tomado parte.
-¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
-Han decidido mandarte.
-¿Cómo?
-Mira, nadie se equivocaría si dijera que eres la que mejor mano tiene en la plantilla para arreglar artefactos. Al parecer te necesitan.
-Ya veo.
-No te extrañes si acabas con un fusil entre las manos...-Quedé enmudecida- Ah, exigen que lleves a tus droides contigo. Podrían ser útiles.
-¿Cuándo nos dejamos meter en esta mierda, Álex?
-Cuando amenazaron con matar a nuestros seres queridos.-Posó una mano sobre la mía. - No importa lo que pase, yo siempre seré El Principito. Siempre nos quedara Astra.
El chico de la casa monstruosa y naranja. El del paso por el mar. El de los ojos grandes y fijos en los que no te importaría verte reflejada eternamente. Armonía pura. Semejante pero contradictoria personificación. El primer amor de Déborah se encontraba cara a cara a mí.
-Recuerdo haber oído que no estaban muy contentos con la estética de tu droide masculino. ¿Cómo se te ocurre además ponerle un nombre ruso? ¡Es a mí y me soportan porque soy una rata soplona!
-Bautizo a mis hijos como quiero. Demasiado es ya que finja creer que dos más dos es cinco...
-¿No será que me echas de menos?
-Sigues siendo el mismo patán de...
No me dejó continuar. El extrañado contacto de su piel me calló. Nos fundimos en un abrazo que hacía años esperaba. En mi cabeza sólo podía sonar una canción.
Desolate Ways.
Bienvenido sea el que viaja al Cielo y vive en la Tierra
domingo, 16 de octubre de 2011
sábado, 3 de septiembre de 2011
Tres de la Madrugada.
Tres de la madrugada. Alabanzas inesperadas que han endulzado mi autoestima. Yo no quiero caer en la arrogancia. No quiero rozar la falsa modestia. No quiero decir tímidamente "No es para tanto" mientras la víbora mira por encima de los hombros. No quiero ser la mártir o la victimista. No hay manera. Y hay que elegir bien las palabras porque afirmarte a ti misma de humilde es una contradicción. La única que no tolero. Pero son las tres de la madrugada y tengo la certeza de que mis párpados no se cerrarán pasadas las 6. No lo harán. Me conozco bien. Hace unos instantes un dolor sordo. Un nudo en la garganta que no se digna a deslizarse por el esófago. Una asfixia. Una exigencia. Y me siento aquí, como todas las noches, como una rutina. Una cita con mi amante que tengo la seguridad de que no aparecerá. Una impotencia. Vengo, me sereno, me hablo, me consuelo. Porque yo sé lo que estoy buscando. Está detrás de todos los cumplidos. Más allá. Me enervo, me frustro, me enfado. Doy puñetazos a una persona invisible. Al aire. A mí. A los pensamientos que surcan mi mente. Vuelan. Lo único, lo real, la verdadera tortura. La superior de las expiaciones.
No poseer mi propia aprobación.
martes, 30 de agosto de 2011
Cuerdas y Trastes.
¿Sabes el sonido que producen las cuerdas de una guitarra electroacústica cuando cambias de traste?
Quiero...ser ese sonido. El antecedente a la nota, al acorde, al arpeggio. Quiero ser el momento antes del beso. Quiero ser el momento justo en el que aparecen alternativas y debes escoger una. El abanico de posiblidades.
martes, 23 de agosto de 2011
Óxido.
Después de nuestra visita al Planeta Kalei y dejar al Capitán Jack, volvimos a casa. La Tierra. Como ya le dije a la misteriosa mujer de los Fortunas, tuve que realizar toda la operación que le expliqué para que Deborah pudiera llorar y soñar. Al menos, Nicholai me sirvió de auxiliar. Tuve especialmente cuidado a la hora de la cuestión onírica, ya que debía toquetear dentro de su cráneo donde se hallaba (no toda) pero parcialmente la actividad energética de la gólem. Cuando terminé me encargué de las cuencas de los ojos, pero para ese "trabajillo" anduve más tranquila.
Al día siguiente, después de haber "dormido" Déborah intentó definirme entusiasmada un sueño. Yo tuve que fingir sorpresa y exclamación ante una visión que conocía perfectamente. Recuerde que los sueños se los fabrico yo. Soy una "Guardián de Sueños" -risas- No me malinterprete, todo este asunto me traen viejos recuerdos. Si él supiera... que todo lo que decía se ha hecho verdad de una forma u otra.
...Pero ésa es otra historia, y me temo que si debe ser pronunciada, será otro día.
Poco tiempo después mientras paseábamos por la ciudad hacia un taller donde venden buenas herramientas, Déborah se paró ante un escaparate.
-Es una tienda de Arte.- dije.
-¿Qué es eso? ¿Puedo pintar en él?
-Se llama lienzo y... ah, ya comprendo.
Como podrá imaginar le compré unos cuantos lienzos, pinceles y óleo para que pudiera pintar. Antes de que yo le preguntara nada, dijo:
-Es para pintar lo que sueño.
-¿Cómo Dalí?
-¿Y ese quién es? No le conozco. ¿Sale por los pubs que yo?
-Eh, no, y me parece que conocerle, no le vas a conocer...
-¿Por qué? Qué tío más antipático.
Retomaré la conversación sobre Dalí en otro momento. Cuando Déborah esté bien informada y pueda seguirme la conversación.
-Lo que digo -prosiguió ella- es que me cuesta demasiado explicar mis sueños. Pienso que es mejor que puedas verlos.
Déborah, la torpe y tosca Déborah. La impulsiva, frágil y atolondrada. A veces parecía idiota, y otras decía -a su manera- sabidurías.
-Tienes toda la razón. Es muy difícil explicar la abstracción con palabras banales.
Y me sonrió porque la había entendido.
Al día siguiente estrenó sus materiales de pintura. Cuando acabó me llamó y me asomé a mirar. ¿A que no adivina que pintó? Un cielo estrellado surcado por relámpagos de diversos colores.
-¿No es lo más bonito que has visto en toda tu vida? -preguntó
-Sí, sí que lo es. Te envidio.
Llamó a Nicholai y le pidió su opinión al respecto. Nicholai se encogió de hombros y me miró buscando una respuesta que decir. Yo negué con la cabeza para explicarle que no iba a ordenárselo. Pero el droide no lo comprendió y me imitó. Negó con la cabeza. Déborah se sintió muy ofendida. De la misma frustración, en aquel momento, estrenó sus lágrimas. Como de costumbre, salió corriendo y pegó un portazo.
No apareció en toda la noche.
A la mañana siguiente llegó mientras desayunaba. Lucía una amplia sonrisa. Pasó por el lado de Nicholai apenas sin mirarle y se sentó frente a mí.
-He conocido a un chico. -ella hablaba mientras yo masticaba una tostada- Es diferente a los demás. No ha intentado acostarse conmigo. Hemos hablado de muchas cosas. De cine, de arte, de música. También he aprendido algo nuevo: "Filosofía". Es muy interesante, pero algo complicada. Es más o igual de atractivo que Nicholai. Me gusta mucho.
-Sólo le conoces de un día, ¿ya estás tan segura?
-¡Es mejor que estar enamorada de una Chatarra! -desvía la mirada hacia Nicholai apretando los dientes.
-Tal vez. -Acerqué mi taza de café y bebí un sorbo después de tal contestación que no decía Nada.
Esa misma noche, Déborah salió con el supuesto chico encantador. Yo fui al trastero con la intención de ordenarlo un poco cuando me encontré de narices con una de las espinitas que tenía clavada en el corazón. Mi guitarra.
La pobre tenía las cuerdas oxidadas, pero su pintura verde seguía intacta en perfecto estado. Verdina. Qué recuerdos. Aunque me avergüenza confesar que sólo me aprendí unos acordes. Al final dejé de lado el trastero y me concentré en la guitarra. Estuve tocando hasta que Déborah llegó. Advertí que tenía las mejillas mojadas, así que no le pedí explicaciones de absolutamente nada. Ya recuerda su manía de hablar poco cuando debemos interpretar que está triste.
-¿Te gusta? -inquirí- Es una guitarra electro-acústica.
-¿Podrías enseñarme a tocar algo con ella?
-Claro, pero yo no sé mucho, la verdad.
Le enseñé lo poco que sabía y los días siguientes ella se apoderó de la guitarra. Pero eso no fue lo único que hizo. Por desgracia... La semana siguiente, advertí que cogía latas de aceite orgánico del almacén. Por las noches, bebía tres o cuatro seguidas mientras tocaba la guitarra. Usted no lo comprende, cuando circula demasiado aceite orgánico, el sistema no es capaz de adherirlo todo y causa el mismo efecto que pudiera causar el alcohol. Así estuvo más de una semana sin parar. Un día me pareció que ya era suficiente. Ella tocaba un Blues muy triste. Había aprendido a tocar lo que yo y más. Y pensará "Para un droide será algo chupado". Pues no. Es verdad que la música es matemática en parte, pero hay más. Tiene que ser tocada con alma y espíritu. Si yo le dijera a Nicholai que tocara, lo haría de una forma perfecta y limpia. Pero probablemente no transmitiría nada porque no tendría chispa. Y ya no hablemos de la improvisación...
-Bebes demasiado, Déborah, no es bueno para ti. ¿Quieres que se te oxiden los tornillos?
-Qué más me dará unos tornillos o el esqueleto que soporta mi cuerpo. ¿Qué más me dará si el corazón se oxidó?
-No hables así...
-Estoy cansada de ser un coño. -atajó, de repente. Nunca la había oído decir esa palabra. Jamás. Abrí mucho los ojos.- Antes estaba agusto porque era lo que yo quería. Lo que buscaba. No me importaba porque yo no esperaba más de los hombres. -suspiró- pero esta vez yo quería algo distinto. Conversar, ir al cine... No sé, algo que no acabara en penetración a las dos horas.
Por lo visto aquel energúmeno la endulzó con palabras tiernas hasta que se acostó con ella. No volvió a llamar más.
-En ocasiones el pulso se me acelera, la boca se me reseca, me duele el pecho y noto como mi bilis se revuelve. Me imagino mis vísceras de un color azul-violáceas moviéndose en mi interior. Entonces me cuesta respirar, hiperventilo y pienso "Ha llegado la hora de morir". ¿Te ha pasado alguna vez?
-Déborah... Tu más que nadie mereces ser un "Alguien" y no un "algo".
Me devolvió las latas y la guitarra y me dijo que se marchaba a dormir. Debo interpretar que va a dejar la fea costumbre. Me alegro. Me tenía preocupada. Espero que las cosas vuelvan a la normalidad. Y si no vuelve a tener sexo con hombres anónimos -que esto realmente no importa ni empezará a importar nunca- vuelva a recuperar ese rubor en las mejillas, sus preguntas estúpidas y esa energía que siempre la han caracterizado. Esas ganas de vivir.
Nicholai posó su brazo sobre mi hombro y sus ojos desprendieron un pequeño centelleo. Por entonces no supe descifrarlo.
Al día siguiente, después de haber "dormido" Déborah intentó definirme entusiasmada un sueño. Yo tuve que fingir sorpresa y exclamación ante una visión que conocía perfectamente. Recuerde que los sueños se los fabrico yo. Soy una "Guardián de Sueños" -risas- No me malinterprete, todo este asunto me traen viejos recuerdos. Si él supiera... que todo lo que decía se ha hecho verdad de una forma u otra.
...Pero ésa es otra historia, y me temo que si debe ser pronunciada, será otro día.
Poco tiempo después mientras paseábamos por la ciudad hacia un taller donde venden buenas herramientas, Déborah se paró ante un escaparate.
-Es una tienda de Arte.- dije.
-¿Qué es eso? ¿Puedo pintar en él?
-Se llama lienzo y... ah, ya comprendo.
Como podrá imaginar le compré unos cuantos lienzos, pinceles y óleo para que pudiera pintar. Antes de que yo le preguntara nada, dijo:
-Es para pintar lo que sueño.
-¿Cómo Dalí?
-¿Y ese quién es? No le conozco. ¿Sale por los pubs que yo?
-Eh, no, y me parece que conocerle, no le vas a conocer...
-¿Por qué? Qué tío más antipático.
Retomaré la conversación sobre Dalí en otro momento. Cuando Déborah esté bien informada y pueda seguirme la conversación.
-Lo que digo -prosiguió ella- es que me cuesta demasiado explicar mis sueños. Pienso que es mejor que puedas verlos.
Déborah, la torpe y tosca Déborah. La impulsiva, frágil y atolondrada. A veces parecía idiota, y otras decía -a su manera- sabidurías.
-Tienes toda la razón. Es muy difícil explicar la abstracción con palabras banales.
Y me sonrió porque la había entendido.
Al día siguiente estrenó sus materiales de pintura. Cuando acabó me llamó y me asomé a mirar. ¿A que no adivina que pintó? Un cielo estrellado surcado por relámpagos de diversos colores.
-¿No es lo más bonito que has visto en toda tu vida? -preguntó
-Sí, sí que lo es. Te envidio.
Llamó a Nicholai y le pidió su opinión al respecto. Nicholai se encogió de hombros y me miró buscando una respuesta que decir. Yo negué con la cabeza para explicarle que no iba a ordenárselo. Pero el droide no lo comprendió y me imitó. Negó con la cabeza. Déborah se sintió muy ofendida. De la misma frustración, en aquel momento, estrenó sus lágrimas. Como de costumbre, salió corriendo y pegó un portazo.
No apareció en toda la noche.
A la mañana siguiente llegó mientras desayunaba. Lucía una amplia sonrisa. Pasó por el lado de Nicholai apenas sin mirarle y se sentó frente a mí.
-He conocido a un chico. -ella hablaba mientras yo masticaba una tostada- Es diferente a los demás. No ha intentado acostarse conmigo. Hemos hablado de muchas cosas. De cine, de arte, de música. También he aprendido algo nuevo: "Filosofía". Es muy interesante, pero algo complicada. Es más o igual de atractivo que Nicholai. Me gusta mucho.
-Sólo le conoces de un día, ¿ya estás tan segura?
-¡Es mejor que estar enamorada de una Chatarra! -desvía la mirada hacia Nicholai apretando los dientes.
-Tal vez. -Acerqué mi taza de café y bebí un sorbo después de tal contestación que no decía Nada.
Esa misma noche, Déborah salió con el supuesto chico encantador. Yo fui al trastero con la intención de ordenarlo un poco cuando me encontré de narices con una de las espinitas que tenía clavada en el corazón. Mi guitarra.
La pobre tenía las cuerdas oxidadas, pero su pintura verde seguía intacta en perfecto estado. Verdina. Qué recuerdos. Aunque me avergüenza confesar que sólo me aprendí unos acordes. Al final dejé de lado el trastero y me concentré en la guitarra. Estuve tocando hasta que Déborah llegó. Advertí que tenía las mejillas mojadas, así que no le pedí explicaciones de absolutamente nada. Ya recuerda su manía de hablar poco cuando debemos interpretar que está triste.
-¿Te gusta? -inquirí- Es una guitarra electro-acústica.
-¿Podrías enseñarme a tocar algo con ella?
-Claro, pero yo no sé mucho, la verdad.
Le enseñé lo poco que sabía y los días siguientes ella se apoderó de la guitarra. Pero eso no fue lo único que hizo. Por desgracia... La semana siguiente, advertí que cogía latas de aceite orgánico del almacén. Por las noches, bebía tres o cuatro seguidas mientras tocaba la guitarra. Usted no lo comprende, cuando circula demasiado aceite orgánico, el sistema no es capaz de adherirlo todo y causa el mismo efecto que pudiera causar el alcohol. Así estuvo más de una semana sin parar. Un día me pareció que ya era suficiente. Ella tocaba un Blues muy triste. Había aprendido a tocar lo que yo y más. Y pensará "Para un droide será algo chupado". Pues no. Es verdad que la música es matemática en parte, pero hay más. Tiene que ser tocada con alma y espíritu. Si yo le dijera a Nicholai que tocara, lo haría de una forma perfecta y limpia. Pero probablemente no transmitiría nada porque no tendría chispa. Y ya no hablemos de la improvisación...
-Bebes demasiado, Déborah, no es bueno para ti. ¿Quieres que se te oxiden los tornillos?
-Qué más me dará unos tornillos o el esqueleto que soporta mi cuerpo. ¿Qué más me dará si el corazón se oxidó?
-No hables así...
-Estoy cansada de ser un coño. -atajó, de repente. Nunca la había oído decir esa palabra. Jamás. Abrí mucho los ojos.- Antes estaba agusto porque era lo que yo quería. Lo que buscaba. No me importaba porque yo no esperaba más de los hombres. -suspiró- pero esta vez yo quería algo distinto. Conversar, ir al cine... No sé, algo que no acabara en penetración a las dos horas.
Por lo visto aquel energúmeno la endulzó con palabras tiernas hasta que se acostó con ella. No volvió a llamar más.
-En ocasiones el pulso se me acelera, la boca se me reseca, me duele el pecho y noto como mi bilis se revuelve. Me imagino mis vísceras de un color azul-violáceas moviéndose en mi interior. Entonces me cuesta respirar, hiperventilo y pienso "Ha llegado la hora de morir". ¿Te ha pasado alguna vez?
-Déborah... Tu más que nadie mereces ser un "Alguien" y no un "algo".
Me devolvió las latas y la guitarra y me dijo que se marchaba a dormir. Debo interpretar que va a dejar la fea costumbre. Me alegro. Me tenía preocupada. Espero que las cosas vuelvan a la normalidad. Y si no vuelve a tener sexo con hombres anónimos -que esto realmente no importa ni empezará a importar nunca- vuelva a recuperar ese rubor en las mejillas, sus preguntas estúpidas y esa energía que siempre la han caracterizado. Esas ganas de vivir.
Nicholai posó su brazo sobre mi hombro y sus ojos desprendieron un pequeño centelleo. Por entonces no supe descifrarlo.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Lupus Solitarius.
No me borrarán la sonrisa.
Las primeras noches han sido muy duras. Cuando a las 4, 5 ó 6 de la mañana he vuelto aquí y he estado sola en silencio. Las noches siempre han sido para mí las mejores, las horas de escribir. Últimamente se me han hecho insoportables y he estado buscando compañía como una loca. Inusual en mí, siempre he presumido de ser una Loba Solitaria.
Mi actividad sexual ha aumentado, para qué engañarnos. Pero ya lo dijo Allen "El sexo sin amor es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía es la mejor". Disfruto del sexo, lo que ocurre es que ahora lo que yo ansío son los besos, y los abrazos.
Ya no los tengo.
Las primeras noches han sido muy duras. Cuando a las 4, 5 ó 6 de la mañana he vuelto aquí y he estado sola en silencio. Las noches siempre han sido para mí las mejores, las horas de escribir. Últimamente se me han hecho insoportables y he estado buscando compañía como una loca. Inusual en mí, siempre he presumido de ser una Loba Solitaria.
Mi actividad sexual ha aumentado, para qué engañarnos. Pero ya lo dijo Allen "El sexo sin amor es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía es la mejor". Disfruto del sexo, lo que ocurre es que ahora lo que yo ansío son los besos, y los abrazos.
Ya no los tengo.
viernes, 5 de agosto de 2011
Un pequeño adelanto.
AVISO, ALTO CONTENIDO DE SPOILER.
Esto sólo es un pequeño boceto y adelanto. En realidad, lo más seguro es que esté divido en dos partes y haya explicaciones más exhaustivas de... ¿todo?Me llevaron a base de tiro y puntapiés entre los pasillos translúcidos. Parecía que pisaba las estrellas. De hecho, así era. Recorrí bastante distancia hasta la celda. O quizás no. Quizás estuviera demasiado drogada. Risas groseras y chistes sobre cómo abatieron a los rusos. Esa fue la banda sonora del trayecto. Mareo, asfixia, náuseas. De un empujón caí en el calabozo.
-Esto te enseñará a mantener la puta boca cerrada. Conque creías que ibas a burlarte de nosotros, los Imperialistas de este nuevo Mundo.
Apenas discierno las horas o lo que ocurrió allí. Tiempo después tuve consciencia que estuve V días encerrada, en los cuales no comí y estuvieron inyectándome algún tipo de droga mediante el aire. Malditos bastardos...
A veces las horas parecían años y otras tantas apenas un micro segundo. A veces me veía correr en la arena de la playa y otras caer a un abismo interminable. A veces sentía que había muerto cientos de veces. A veces me sentía una soñadora distante en la inmersidad del solitario y misterioso cosmos.
A veces... A veces...
Se habían llevado a Deborah y a Nicholai. Estaba sola. Totalmente. Como antes de haberlos construido. Como cuando la partida de mi hermano. Entraba a hurtadillas en su habitación e inspeccionaba todos sus planos hasta que les di forma. Él nunca lo había hecho. Álvaro, ¿dónde estarás ahora? ¿te seguirás acordando de mí?
Una explosión agujereó mi puerta. Una gran búrbuja blanca entraba en mi calabozo. Olía a plástico quemado con fuerza. Seguía tendida en el suelo con la vista a la luz fluorescente del techo. Sin fuerzas para moverme. Apenas sabía dónde estaba.
-¡Cogedla, hay que sacarla de aquí inmediatamente, no sabemos cuanto más podrá resistir!
Algo o alguien me levantaba del suelo. Me pareció ver el brillo verde de los ojos de... ¿pero era posible?
-¡Space, no nos queda mucho tiempo, la compuerta no tardará en abrirse!
-¡Diablos, Lamba, estoy enterado de lo jodidos que estamos! ¡Abrirás la compuerta a mi señal, Jack! ¡Lamba, tú te encargas de la fila de la derecha y yo me encargo de la izquierda! ¿Entendido?
Los párpados me pesaban demasiado. Mi corazón se relentizaba más y más...No sentía aire en mis pulmones. Estaba claro. Hasta un idiota se daría cuenta. Me estaba muriendo.
-¡¡¡Madre, aguanta, madre!!!
El sonido era cada vez más distorsionado. Se iba perdiendo entre estridentes sonidos de disparos y gritos.
-¡Joder!
Desperté en una baldosa blanca en medio del Cinturón de Kuiper. Lo sabía porque podía divisar perfectamente al planeta X. Estaba muy lejos de casa, la Tierra, y de un momento a otro tuve necesidad de huir. Correr a mi hogar. Volver, sentirme segura. A cada paso una nueva baldosa aparecía antes de que colocara el pie en la superficie. Corrí y corrí sin mirar hacia atrás. Pasé Neptuno, aquel tan azul y sin embargo, no me detuve a observarlo como acostumbro.
Al fin llegué. Mi hogar. Mis litros de pintura que caben en tres retinas. Cruzaba la estratosfera cuando una chica rubia se me puso delante obstaculizando mi paso. Ella no pisaba suelo. Levitaba.
-No me dejas pasar.
-¿Por qué caminas si no hay gravedad?
-No lo sé, pero quiero pasar y molestas.
-No te dejaré. Las estrellas de Ara comentan que no eres capaz de flotar porque estás en fase de Crisálida. Las ideas fluyen como mariposas.
-¿Y qué tengo que hacer?
-Vomitar vanguardias mientras te columpias en las telarañas del subconsciente. Suicidar tu cuerpo. Olvidar los sentidos. Practicar sexo a través de la mente.
Enarcó una ceja y una fuerza invisible me lanzó fuera de la baldosa. Caía en picado. Caía en picado a una velocidad vertiginosa y llegó un momento en que bajo mis pies apareció una superficie. Un límite dentro del infinito.
Esa era la ecuación sin resolver. El problema.
Me incorporé de la cama agetreada. Parpadeé varias veces para acostumbrarme a la luz. Conocía el lugar. Estaba en mi Pegassus. Salí de puntillas de mi camarote y me encontré de espaldas a un hombre con una escafandra de la ISS. Mi primer reflejo fue sobresaltarme. Se giró lentamente.
Space. Mi querido Space. Era él. Me lancé a sus brazos y tras unos segundos emotivos, miré a mi alrededor. Allí también se encontraban Jack, el Capitán pirata, mi Criatura científica Kaleiana, Deborah, Nicholai y un nuevo muchacho que no conocía.
-Este es Lamba. Era el líder de la Resistencia.
-¿Qué hacen ellos aquí?
-Verás, V, nuevos tiempos se avecinan... Los Piratas y la Resistencia ya no existen. Es más, el viejo Space que tú conociste tampoco existe - Se arranca el icono de la ISS del brazo - Una nueva era comienza. Una era de Libertad y Victoria. Ellos están aquí porque quieren. Por gusto. No quieren vivir más arrodillados. Quieren luchar. Y si hay que morir intentándolo, seremos los primeros en beber de las aguas de Estigia surcadas por la barca de Caronte.
Miré a los ojos a Nicholai. No cabía duda. Él era quien me había cargado. No podría borrar el brillo de sus ojos verdes de mi taladrado cerebro. Y aquella Chatarra eficiente había reaccionado. Al fin. Sus gritos de desesperación le delataron. Sentía. ¿Cómo no pude adivinarlo en sus ojos verdes?
-Ya no habrá nunca más diferencias.-Continuó Space- No importa razas, procedencia, costumbres sociales. Todos unidos por un mismo objetivo. La liberación. -apoya suavemente su mano en mi brazo - Bienvenida, V. Bienvenida a la tripulación de los Cowboys del Espacio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)