Bienvenido sea el que viaja al Cielo y vive en la Tierra

jueves, 24 de mayo de 2012

¡Evoluciona!



 Mira al horizonte, ¿lo ves? Es la Distopía, que camina hacia nosotros.

domingo, 6 de mayo de 2012

Per Ardua Ad Astra


-Alza la vista una de estas noches.Verás dos puntos luminosos un tanto cerca (eso en la esfera celeste, claro), que, imagino que son Venus y Júpiter. Bien, pues que no absorban tu atención, pues hay muchas constelaciones que ver, como por ejemplo, Perseo. La estrella más brillante de esta constelación, se llama Algol, o en árabe Ras-al-Gul. Así dicho no te sonará a nada. Pero, si te digo que es la cabeza de la Gorgona, la cosa cambia. En concreto, dicha estrella es el ojo de la Medusa, β-Persei.

Mi hermano Álvaro y yo nos encontrábamos sumergidos en una de nuestras insaciables conversaciones sobre astronomía en su habitación, contigua a la mía. Cuando no podía dormir, pegaba en la puerta y le rogaba algo nuevo para aprender o soñar.

-Algol, tiene una peculiaridad, y es que es de magnitud variable. Esto a los antiguos, les traía de cabeza, pues para ellos las estrellas eran puntos fijos en el cielo. Y eso de que las cosas cambiaran a su parecer,  no les hacía mucha gracia, de ahí que lo relacionaran con el Diablo (que es lo que significa en árabe, la cabeza del demonio). Lo que nos lleva, a la paradoja de Algol. Resulta, que esa variación del brillo, se achacaba a la existencia de eclipses entre estrellas (en este caso,  las de aquella parte del Universo). Claro que cuando tienes dos estrellas cerca, suelen intercambiar materia entre ellas. ¿Por qué es esto importante? Sabrás que las estrellas tienen ciclos de vida. Y estos se cumplen a rajatabla. Pues en el caso de Algol y su compañera, no. La estrella primaria, de mayor masa (la cual debería haber vivido menos), era la mas vieja. En cambio, la secundaria, le pasaba justo lo contrario.-Le oía tumbada con los ojos cerrados mientras intentaba visualizarlo todo en mi mente- ¿Por qué? Por ese intercambio de materia. La estrella que ahora es pequeña era en realidad mayor y la que ahora es mayor era menos masiva. Lo que ocurrió fue que la estrella ahora secundaria, antes masiva, comenzó a crecer como consecuencia natural de su evolución y al estar tan cerca de la ahora principal, y antes pequeña, comenzó a transferirle masa y con esto le dio la capacidad de hacerse más brillante; la que perdió masa al final quedó menos brillante.

Entonces´yo tenía catorce años y el diecisiete, ya encaminado a los dieciocho.

-¿No dices nada? -me preguntó -¿Es que no te ha gustado?
-No es éso. Sólo intentaba imaginarlo. -En realidad no quería admitir que él se encontraba en el nivel 7 cuando yo apenas rozaba el 2.-Algún día te llevaré allí.
-¿A dónde?
-A Algol. Construiré una nave. Blanca, como Perla de Mar. -Una leve sonrisa se dibujó ante la ingenua declaración.
-¿Sabes cuál es un buen nombre para una nave? Pegassus. Así se llamaba la nave de un Doctor. ¿Te he contado esa historia?-Negué con la cabeza.-Entonces tendremos que ponerle remedio. En una dimensión muy, muy lejana...

Mi hermano no llegó jamás a contarme la historia del Doctor. Varios hombres con uniformes y armados irrumpieron en la habitación. Derrumbaron la puerta con violencia y pisotearon con descuido todas nuestras maquetas espaciales. Arrestaron a Álvaro y a mí de una bofetada me lanzaron contra la cama. Lo último que le vi hacer fue intentar protegerme, justo antes de que la puerta se cerrara dejándome atrapada dentro. Lo último que mis retinas grabaron fue un logotipo. El de la ISS.

-Compañera, despierte. Está gritando en sueños.

Me incorporé de un impulso. Acto seguido me froté los ojos con el dorso de la mano y reconocí a mi emisor. Se trataba de un médico que también había sido arrastrado a la guerra. En contra de su voluntad, como la mayoría que permanecíamos en aquel campamento.

-No sé qué estaría soñando, pero por lo que parece era horrible.

Salí a tantas al exterior. Ya era bien entrada la noche, aunque los dos satélites daban una luminosidad desconocida en el planeta Tierra. Encendí un cigarrillo detrás de otro y fumé con una desesperación inusual. Una lluvia de estrellas se acontecía pero no podía disfrutarla. Ahora, no.

El médico también salió del campamento y se encontró con Steel Panther y su peculiar semblante engreído.
-¿Cuántas bajas han sido desde el mediodía?
-Apenas insignificantes, señor. Soldados rasos, nada más.- Advertí cómo el médico apretaba los dientes.

El fornido idiota reanudó la marcha satisfecho. Mi compañero apretó el puño y se internó de nuevo maldiciendo a diestro y siniestro.

-Insignificantes. Eso es lo que somos ahora. Per Ardua ad Astra- susurré.



"We are lost in Space and the time is our".

sábado, 14 de abril de 2012

Aquí y ahora.

Él se prometía cada día liar sus bártulos y marcharse a un sitio nuevo, con un futuro nuevo, y abandonar esa tribu desgraciada a su propia estupidez. Pero cada noche se desvanecía su propósito y bebía hasta caer tumbado en el lecho. La molesta verdad era que no tenía dónde ir ni futuro que edificar. Lo mejor de él estaba allí: fe, esperanza y caridad prodigadas hasta el agotamiento, succionadas y malgastadas por una tierra estéril, pisoteadas por un pueblo ignorante y mal agradecido.

martes, 10 de abril de 2012

C'est la vie.


El cirujano se echó atrás en la silla, cogió un cortapapeles y lo mantuvo delicadamente, como un bisturí. Aguardó un momento, reuniendo palabras, eligiendo ésta, descartando aquélla y colocándolas en seguida por un patrón de meticulosa exactitud.
-Sí, puedo operarlo. Si lo hago, usted morirá al cabo de tres meses.
-¿Y de lo contrario?
-Vivirá un poco más y morirá con más dolores.
-¿Cuánto tiempo más?
-Seis meses. Doce como máximo.
-Es una elección dura.
-Tiene que hacerla.
-Lo comprendo.

Y tú, ¿qué escogerías?

martes, 13 de marzo de 2012

Las Turas y el Tornillo de Cortázar

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinamos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.
Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el Yin y el Yang, la contemplación o la Tatigkeit, avena arrollada o perdices faisandées, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en piyama y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en ésta está… Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang, ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizá? Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros, Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella… ¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre? Se puede elegir la tura, la invención, es decir el tornillo o el auto de juguete. Así es cómo París nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino, con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos. Nos arde un fuego inventado, una incandescente tura, un artilugio de la raza, una ciudad que es el Gran Tornillo, la horrible aguja con su ojo nocturno por donde corre el hilo del Sena, máquina de torturas como puntillas, agonía en una jaula atestada de golondrinas enfurecidas. Ardemos en nuestra obra, fabuloso honor mortal, alto desafío del fénix. Nadie nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette. Incurables, perfectamente incurables, elegimos por tura el Gran Tornillo, nos inclinamos sobre él, entramos en él, volvemos a inventarlo cada día, a cada mancha de vino en el mantel, a cada beso del moho en las madrugadas de la Cour de Rohan, inventamos nuestro incendio, ardemos de dentro afuera, quizá eso sea la elección, quizá las palabras envuelvan esto como la servilleta el pan y dentro esté la fragancia, la harina esponjándose, el sí sin el no, o el no sin el sí, el día sin Manes, sin Ormuz o Arimán, de una vez por todas y en paz y basta.

Julio Cortázar, Rayuela

Entonces tú mirabas al vacío. A la inmensidad de la cúpula celeste surcada por los pajarillos de la tarde. En tu perfil se adivinaba el regocijo y el placer de mi lectura, de la compresíón en tu tono de voz y  tu boca entreabierta. Quería arder en ti, ser tu Tura inventada y tú mi Gran Tornillo.

jueves, 23 de febrero de 2012

Una para cinco (Insertar chistaco repetitivo)



"Puedes llegar a ser adicto a un tipo de sufrimiento. 
Resignación como final".